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Por Mauricio Quimbaya

Sin lugar a dudas, los Organismos Genéticamente Modificados (OGMs) de origen vegetal, más conocidos como plantas o cultivares transgénicos, son uno de los productos derivados del conocimiento científico, que mayor controversia han generado en los últimos años. Múltiples son los argumentos que avalan o critican estos cultivares, desde perspectivas tan diferentes como la científica, la económica o la agroecológica. Algunas de dichas críticas se basan en un concienzudo proceso argumentativo, mientras que otras, son planteadas desde la subjetividad de la falta de conocimiento profundo en relación al tema. Recientemente, uno de los artículos científicos de mayor lectura y que aparentemente demostraba objetivamente el poder toxicológico de los OGM, fue retractado por los autores y por ende, de la revista en qué se publicó (Journal Food and Chemical Toxicology-ELSEVIER), debido a diversas e intensas críticas al trabajo científico allí reportado que conducía a conclusiones sin suficiente evidencia demostrativa [1]. Esto ha causado que el debate en relación a los OGMs esté en más auge que nunca.

El propósito del presente escrito más que el de dar distintos argumentos a favor o en contra de los cultivares transgénicos, es el de dar un marco contextual en el cual el surgimiento de la tecnología que permitió dar paso a los OGMs surge como una respuesta científica a una necesidad latente, a saber, el déficit alimentario del mundo contemporáneo y no simplemente como un capricho del método científico para generar Frankensteins antinaturales que no se necesitaban en un planeta completamente satisfecho.

El paradigma Malthusiano en relación al crecimiento poblacional y la disponibilidad de recursos

A inicios del siglo XIX, el demógrafo Inglés Thomas Robert Malthus, a partir de observaciones y datos recolectados por años en relación a la población mundial y al uso de recursos agrícolas utilizados por ésta, planteó una simple pero dramática conclusión a partir de sus observaciones: “El planeta no posee los recursos suficientes para soportar a una población humana que crece exponencialmente, mientras que la productividad agrícola aumenta linealmente” [2]. Esto implica que la capacidad de carga del planeta se verá en algún punto sobrepasada, principalmente porque bajo las condiciones agrícolas y tecnológicas de un mundo moderno, no existían los recursos suficientes para sustentar dicha capacidad de carga. Es bueno resaltar, que Malthus llegó a esta conclusión en los años precedentes a la revolución industrial, época en donde el desarrollo de nuevas tecnologías y el apogeo de las máquinas inicio el proceso de exacerbación desmedida de los recursos naturales. Proceso que desde entonces, persiste hasta nuestros días.

Algunos de los censos poblacionales de la antigüedad que se preservan actualmente, revelan que hacia el primer año, luego de la muerte de Cristo, existía un estimado de 300 millones de personas. A inicios de la revolución industrial, hacia el año 1900, la población mundial ascendía a 1600 millones de personas y en un periodo de 100 años, en el año 2000, la población mundial, llegó a 6000 millones. Recientemente, en el año 2012, el número de personas habitando nuestro planeta llegó a 7000 millones, la población se incrementó en 1000 millones de personas en poco más de una década y estimados poblacionales calculan que para el año 2050 el planeta tendrá 10000 millones de individuos usufructuando sus recursos naturales. Cada año en promedio, se agregan 85 millones de personas a la superficie terrestre [3], lo que ratifica el postulado Malthusiano del crecimiento exponencial de la población humana. De la misma manera, gracias a desarrollos técnicos y científicos característicos de las edades moderna y contemporánea, tales como un mayor acceso a los alimentos dadas las facilidades para su transporte; una mayor oferta laboral y mejores empleos que le permiten a las personas acceder más fácilmente al recurso alimentario; una mejora radical en los servicios públicos y en la higiene de los lugares de asentamiento humano, disminuyendo la incidencia de enfermedades infecciosas y; descubrimientos científicos en el área médica que han permitido el entendimiento de ciertas enfermedades postulando un tratamiento preventivo y terapéutico, han permitido que la expectativa de vida promedio de los humanos hubiese aumentado cerca de 40 años en relación a la expectativa que se tenía en la edad media.

En un gran número de países en vía de desarrollo y en algunos desarrollados, las tasas de natalidad han aumentado o permanecido constantes, mientras las tasas de mortalidad han disminuido. Esto quiere decir, que no solamente somos cada año más seres humanos aprovechando los recursos naturales ofrecidos por el planeta, sino que también, dichos productos son utilizados por una población creciente, por mucho más tiempo. Sin embargo, en contraposición al crecimiento poblacional acelerado, el aumento de la tierra arable, útil para la producción de nuestros recursos alimentarios primarios, no ha aumentado. En el mejor de los casos ha permanecido invariable, mientras que en un gran número de países, dicha área a disminuido [4].

Entonces, si como población dependemos específicamente de una serie de cultivos primarios que nos sustentan como especie, y si cada año existe más gente en el mundo, pero menos área para producir dichos cultivos. ¿Qué opciones tenemos o hemos tenido como especie para tratar de garantizar una seguridad alimentaria a nuestros semejantes?, ¿qué herramientas se han desarrollado para tratar de generar unos recursos alimentarios básicos que traten de garantizar nuestra supervivencia como especie?

La tecnificación agrícola y las distintas revoluciones agrícolas

En la actualidad, existen aproximadamente 300 cultivos distintos en el mundo. Veinticuatro de ellos suplen cerca del 90% de nuestra dieta. De la misma manera, cerca del 80% de los alimentos que consumimos provienen de 8 cultivares y el 50% de nuestra dieta se basa en tres cereales, a saber, arroz, maíz y trigo [5]. Para que el hombre, pudiera lograr la producción masiva de dichos cultivares, debió afrontar retos y circunstancias adversas que desafiaron su capacidad creadora e intelectual. El ser humano gestó y aún es partícipe de una gran revolución agrícola masiva, que podríamos subdividir en distintas fases y que le ha permitido sobrevivir a través de las generaciones.

Podríamos afirmar, que la primera revolución agrícola se dio a finales del neolítico, hacia el año 8000 a.c. Punto en el cual se data el origen de la agricultura, en donde el Homo sapiens, pasó de una vida nómada a una vida sedentaria.

A otra transición agrícola a resaltar, se le conoce como la “revolución verde”, la cual se sucedió entre 1940 y 1970. En este periodo de tiempo, hubo una fuerte inversión en investigación y en transferencia de tecnología para aumentar la productividad del campo mediante el desarrollo de nuevas variedades, la tecnificación industrial del agro y el desarrollo de nuevos fertilizantes y plaguicidas [6]. Sin embargo, el constante crecimiento poblacional, aunado al cambio climático acelerado durante las últimas décadas [7], continúa retando constantemente la inventiva humana. Como respuesta a dicha crisis climática, se habla de una tercera revolución agrícola que empieza en 1980 y se extiende hasta nuestros días, caracterizada por el auge de la biología molecular de plantas y sus aplicaciones directas al desarrollo de OGMs.

La revolución biotecnológica del agro

Fueron los científicos Belgas Marc van Montagu y Jozef Schell, quienes a inicios de la década de los 80s, idearon el procedimiento de transformación genética de plantas usando una bacteria, Agrobacterium tumefaciens, como vector mediador de la transformación. Con este procedimiento, Montagu y Schell, definieron el inicio de la tercera revolución agrícola basada en la biotecnología de plantas. Esta nueva tecnología propone la utilización de elementos genéticos específicos y particulares, obtenidos y aislados de plantas, bacterias o animales, para conferir alguna característica deseada en plantas o cultivares particulares.  A diferencia de los métodos de mejoramiento tradicional de plantas, la transgénesis permite individualizar elementos genéticos previamente caracterizados, de los cuales se conocen o se infieren sus efectos fenotípicos directos, permitiendo un ahorro de tiempo y procedimientos metodológicos en la obtención de variedades de plantas con características fenotípicas y/o agronómicas deseadas por el investigador. El uso reciente de esta tecnología ha permitido la obtención de nuevas variedades de cultivares con tolerancia a estreses abióticos (sequía, altas temperaturas, suelos pobres en nutrientes, heladas), plantas con resistencia a estreses bióticos (insectos perjudiciales, bacterias patógenas, hongos y virus), cultivares con resistencia a herbicidas y plaguicidas y la generación de plantas con insertos génicos, relacionados con una mayor productividad (tiempo de floración, cantidad y tamaño del grano, tamaño del fruto, eficiencia fotosintética).

Dado que el paradigma Malthusiano hoy en día es más vigente que nunca, y que el cambio climático exige la generación en periodos relativamente cortos de tiempo de cultivares agronómicamente importantes que sean viables para alimentación de una población creciente en condiciones altamente cambiantes, no es de extrañar que la alternativa biotecnológica sea actualmente una de las estrategias más utilizadas. De los 1500 millones de hectáreas aptas para el cultivo que existen en el mundo, 170 millones de ellas están ocupadas por OGMs. Se espera que este número se doble en la siguiente década [8].

Lejos del debate planteado, en relación a la producción y consumo de OGMs, en lo que se quiere hacer énfasis es en la necesidad real que existe actualmente para la generación de nuevas tecnologías que permitan tratar de garantizar la seguridad alimentaria de un mundo de población creciente y clima cambiante, y en este sentido, los OGMs surgen como una alternativa viable y eficiente que permite enfrentar con algo de esperanza los retos del nuevo milenio.

Pero más cultivos y más eficientes, no necesariamente significa una distribución más equitativa de los alimentos

La ciencia y sus desarrollos científicos están inmersos en una sociedad política y económica que descontextualiza el oficio científico. Lo que quiero afirmar, es que por antonomasia, el oficio del científico, es el de buscar y definir soluciones para problemas de investigación particulares. Muchos de estos problemas investigativos coinciden con necesidades básicas de la sociedad. Sin embargo, dado que el oficio del científico, se encuentra inmerso y supeditado a un esquema político, económico y social, que a pesar de ser externo a la actividad científica como tal, en infinidad de ocasiones, restringe la aplicación de los productos derivados del ejercicio de la ciencia.

No importa que innumerables desarrollos científicos, permitan de tal manera la maximización de la utilización del agro, que reviertan el paradigma Malthusiano, si la aplicación de dichas tecnologías se ve limitada por factores económicos, políticos y sociales. En otras palabras, para nadie es un secreto que el hambre mundial, que se manifiesta en condiciones dramáticas en países subdesarrollados, subsiste y coexiste con los desarrollos tecnológicos contemporáneos que deberían desde hace ya décadas haberlo derrotado. No se puede enfrentar las hambrunas mundiales netamente desde una perspectiva científica. Si se quiere erradicar el hambre del planeta es necesaria una reconversión económica, una nueva síntesis política que ratifique la igualdad entre los más poderosos y los menos poderosos y una transformación social en la cual la discriminación y la subyugación no sean estandartes de la sociedad contemporáneas. Se necesita un replanteamiento del papel del científico, en donde su oficio tenga asiento en la realidad mundial y en las herramientas que pueda generar a partir de las necesidades realistas de la sociedad y no en el arte estéril del publicar por publicar.

La única manera de combatir el hambre subyace en la reformulación de los paradigmas socioeconómicos actuales basados en una educación científica y moral, que permita por un lado, el uso de la ciencia para generar herramientas utilizables por todos los segmentos de la sociedad y por otro, que genere una conciencia de equidad en donde cada uno de nosotros, sin distingo de razas, etnias, nacionalidades o poder adquisitivo, podamos acceder de la misma manera y sin trabas a los recursos ya sean naturales o biotecnológicos actuales.

Como lo dijo el presente año Marc Van Montagu al recibir uno de los premios más prestigiosos del mundo científico “The World Food Prize”: “Quienes nos dedicamos al trabajo agronómico no debemos dormir, simplemente porque el hambre no duerme” que esta sea una invitación al trabajo mancomunado para la erradicación del hambre del mundo.

Referencias

Fábricas vegetales:
¿Cómo las plantas pueden ofrecer alternativas para producir compuestos verdes?
Por Lorena López-Galvis

La biotecnología se ha mostrado como una herramienta básica para el desarrollo de una sociedad sostenible en la que la demanda de alimentos, la presión por la tierra arable y la reducción en los recursos han generado un afán por producir tanto alimentos como materias primas de manera más eficiente y con un mejor uso de los recursos naturales. Aparte de los logros que ha tenido la biotecnología en la generación de cultivos de mayor rendimiento con resistencia a plagas, enfermedades y estrés abióticos [1], también ha sido importante para usar las plantas como fábricas vegetales de las cuales se cosechan materias primas, medicinas, químicos y vacunas.
Las plantas son unas increíbles fábricas de químicos, a partir de los sustratos más simples y baratos como lo son el dióxido de carbono, la luz solar, el agua y minerales del suelo, producen miles de moléculas químicas de diversas estructuras. Más de 50000 estructuras químicas se han analizado en el reino vegetal y aún hay muchas más por analizar (Tabla 1). Muchos de estos compuestos se conocen como metabolitos secundarios y se producen en determinadas especies vegetales [2]. Lo interesante de estos metabolitos son las propiedades que tienen como materia prima para industria como es el caso de ciertos aceites, del caucho, de la cafeína, y también porque muchos se conocen por sus propiedades medicinales como antioxidantes, antiinflamatorios e incluso anticancerígenos.   


Tabla 1. Algunos ejemplos de estructuras químicas derivadas de plantas [2].
Tipo molecular
Numero de estructuras conocidas
Ejemplos
Isoprenoides
> 25000
Mentol, turpentina, caucho
Alcaloides
> 12000
Cafeína, nicotina
Fenoles
> 8000
Vainillina, antocianinas
Ácidos grasos y derivados
> 500
Aceite de castor, uroshiol
Misceláneos
>5000
Sorbitol, goma de guaraná

Durante muchos años, la extracción y uso de estos químicos ha sido una de las tareas de la biotecnología vegetal. El entender la ruta metabólica de cierto metabolito y la posibilidad de aislar los componentes responsables de su síntesis y metabolismo permiten modificar (vía transgénesis o mejoramiento tradicional) dicha ruta en favor de la producción del químico usando así la planta como una fábrica vegetal. Muchas de estas moléculas se están investigando como alternativas a la industria de derivados del petróleo ya que como “compuestos verdes” permiten una producción más limpia, renovable, de menor impacto contaminante y con beneficios para la industria y economía local.
Un ejemplo de la química verde son los aceites vegetales que pueden derivar materias primas para uso en detergentes, plásticos y cosméticos, que normalmente usan como materia prima derivados del petróleo (Tabla 2) [2]. Sin embargo, es importante anotar que muchos de estos productos no se obtienen en grandes cantidades a partir del material vegetal, por ejemplo una semilla de oleaginosas (palma, girasol) puede tener hasta un 50% de su peso en aceite, pero esto es una mezcla de diversos aceites que dependen de procesos industriales de extracción para su rendimiento final.

Tabla 2. Aceites vegetales usados en aplicaciones industriales [2].
Tipo de lipido
Ejemplo
Fuente principal y alternativas
Uso principal
Cadena media (C8-C14)
Ácido laurico
Palma, coco, caupi
Detergentes
Cadena larga (C22)
Ácido erucico
Canola, crambe
Lubricantes, nylon, plásticos
Epóxico
Ácido vernólico
Aceite de soya epoxico, vernonia
Plásticos
Hidróxico
Ácido rinoleico
Castañas, lesquerella
Lubricantes, coberturas
Solido de baja fusión
Manteca de cacao
Cacao, ilipe
Chocolate, cosméticos
Ester de cera
Aceite de jojoba
Jojoba
Lubricantes, cosméticos

Un 25% de las medicinas usadas actualmente se descubrieron como químicos producidos por las plantas que ahora se pueden sintetizar industrialmente, ejemplos de estas son la salicina (analgésico) de Salix alba, efedrina (antihistamínico) de Ephedra sinica, morfina (analgésico) de Papaver somniferum, timol (antifúngico) de Thymus vulgaris, mentol (rubefaciente) de Mentha sp. [3]. Sin embargo, hay una gran variedad de moléculas promisorias que aún dependen de las plantas para su síntesis industrial, es el caso del Taxol, un anticancerígeno descubierto en 1967 por el Instituto Nacional de Cáncer de Estados Unidos bajo un proyecto de colecta de especies vegetales para evaluación de compuestos naturales en citotoxicidad de células. Este compuesto se derivó de madera de Taxus brevifolia (Pacific yew) y ocasionó una gran presión en las poblaciones naturales de este árbol, ya que se requerían grandes cantidades de madera para extraer taxol en las cantidades necesarias para las pruebas clínicas requeridas en el proceso de desarrollar un nuevo fármaco (se extraían 10 g de taxol puro de 1200 libras de madera). Con la aprobación del taxol o pacitaxel como droga quimioterapéutica en 1990, la demanda por este fármaco ascendió, y por esto el interés inicial de conseguir una fuente de síntesis de alta eficiencia y calidad. Desde 1993, el taxol se extrae por fermentación de células vegetales de Taxus propagadas en medio acuoso junto con el hongo endofito Penicillium raistrickii [4] y no se usan más extracciones de madera de Taxus brevifolia. Pero los investigadores no se quedaron con este único proceso de síntesis, en 2010, Haas reportó la posibilidad de optimizar la expresión de las enzimas bacterianas y vegetales de síntesis de taxol en bacterias (Esclericia coli) para la producción de intermediarios de la cadena de síntesis de esta molécula, de esta manera su producción es mas económica.

De esta manera muchos de los químicos verdes han mostrado algunas de las ventajas del uso de las plantas y de la actividad bacteriana para extraer compuestos importantes como lo son etanol, ácido cítrico y ácido láctico. En estos casos el sustrato es material vegetal, principalmente almidón de maíz, el cual es fermentado en contenedores de gran tamaño por bacterias o levaduras que se ha seleccionado o transformado genéticamente para modificar su capacidad de producir determinado compuesto. Por ejemplo en 2011 el 25% del maíz producido en Estados Unidos fue usado como sustrato para producir bioetanol.

Adicionalmente diversas investigaciones ponen a las plantas como fábricas de químicos útiles al hombre (Figura 1). El plástico PHB (polihidroxiburato) es un polímero biodegradable y resistente al agua que comercialmente es producido por la bacteria Alcaligenes autrophus. En la planta modelo Arabidopsis thaliana se han introducido tres genes de A. autrophus y PHB se ha podido acumular hasta en 100mg/g peso fresco o 14% del peso seco de los cloroplastos [6], esto muestra la alta eficiencia de las plantas modificadas y el valor agregado que genera una producción verde de plásticos de manera más limpia con el ambiente.

Figura 1. Síntesis de biopolímeros por fermentación bacteriana o por producción en plantas. Tomado de [7].

Otro campo de desarrollo importante para el uso de las plantas como fábricas verdes o bioreactores es la producción de vacunas. Este campo se conoce como “Biopharming” o producción de farmacéuticos en plantas y se desarrolló como ruta alternativa para la producción de vacunas de manera más económica y eficiente que la síntesis comercial, que usa costosos sistemas de células animales. Este avance es importante para países en desarrollo que son los que se benefician de vacunas de bajo costo, ya que es la herramienta más eficiente para controlar enfermedades y epidemias [8]. Plantas modificadas genéticamente han podido expresar proteínas recombinantes que incluyen antígenos y anticuerpos virales y bacterianos, entre ellas están el banano, tomate, arroz, zanahoria, entre otros que producen vacunas contra la hepatitis B y el cólera (Tabla 3). Inclusive el fin de estas vacunas es que puedan ser administradas directamente como parte del alimento y al ser consumidas inmunicen a las personas objetivo, aunque aún no se ha llegado a este término con esta tecnología.

Tabla 3. Algunas proteínas con actividad inmune expresadas en plantas y que han sido reportadas en la literatura [2].
Aplicación potencial
Proteína expresada en plantas
Caries dental
Proteína de superficie de Streptococcus mutans
Cólera y diarrea por E. coli
Enterotoxina de E. coli
Hepatitis B
Antígeno de Hepatitis B
Malaria
Epítope “B-cell” de malaria
Influenza
Hemaglutatina
Rabia
Glicoproteína del virus de la rabia
VIH
Epítopes gp41 y gp120 del VIH

Aunque hay barreras legales, sociales y políticas para el uso de la biotecnología, los avances en este campo han mejorado, y seguirán mejorando, ampliamente la agricultura y la vida de los seres humanos. El uso de las plantas como método alternativo de producción de compuestos de interés para el hombre abre una puerta muy amplia para la investigación y la generación de industria teniendo en cuenta que permite producciones más limpias y sostenibles y que puede generar un impacto social de alto valor en el caso de síntesis de vacunas.

Referencias

[1] Sinclair, T. R., Purcell, L. C., & Sneller, C. H. 2004. Crop transformation and the challenge to increase yield potential. Trends in plant science9(2), 70-75.

[2] Chrispeels, M & D. Sadava. 2003. Plant, Genes and Crop Biotechnology. Jones and Bartlett Publishers, Inc. London, UK. 2nd edition.
[3] Goodman, J &, V. Walsh. 2001. The story of taxol. Nature and politics in the pursuit of an anti-cancer drug. Cambridge University Press, Cambridge, UK.
[4] Taylor, L. 2000. Plant based drugs and medicines. En  http://www.rain-tree.com/plantdrugs.htm#.UlwJnVBWzLQ
[5] Haas, M.J. 2010. Paclitaxel routes in bacteria. SciBX 3(40); 10.1038/scibx.2010.1199
[7] Gross, R. & K. Bhanu. 2002. Biodegradable Polymers for the Environment. Science 297 (5582):803-807.
[8] Ahmad P, Ashraf M, Younis M, Hu X, Kumar A, Akram NA, Al-Qurainy F. 2012. Role of transgenic plants in agriculture and biopharming. Biotechnol Adv. 30(3):524-40. 


Por Lorena López


En este artículo daré una breve introducción acerca de biotecnología y su uso en el desarrollo de plantas transgénicas, las principales preocupaciones de la sociedad en su uso y consumo, y la comercialización de semillas transgénicas por grandes compañías.



Qué es Biotecnología? Qué es un OMG?


La Biotecnología se refiere comúnmente a nuevos métodos científicos usados para modificar el material genético de un organismo con el fin de producir características únicas que no se podrían obtener por métodos de mejoramiento convencional. Estos productos son conocidos como transgénicos o organismos genéticamente modificados OMG (GMO sigla en ingles), ya que poseen genes foráneos o de otras especies dentro de su material genético o ADN.



Algo de historia


Fue entre 1972 y 1974 cuando Peter Lobban en el laboratorio de A. Dale Kaiser en la Universidad de Stanford, propuso y puso en marcha técnicas para el aislamiento y amplificación de genes o segmentos de ADN para ser insertados con precisión en otra célula [1]. Esto fue posible con el uso de enzimas de restricción descubiertas en 1970 por Hamilton Smith, las cuales permiten cortar y pegar fragmentos de ADN de cualquier fuente formando un ADN recombinante (rDNA, recombinant DNA, por sus siglas en inglés). Así el primer reporte de organismos genéticamente modificados viene de 1973, cuando se aisló un gen de la bacteria Salmonella y se introdujo en la bacteria Esclerichia coli, generando una bacteria transgénica por medio de rDNA. Sin embargo las preocupaciones acerca de los riesgos inherentes al uso de esta tecnología suscitaron una conferencia de rDNA en el Centro de Convenciones Asilomar en California en 1975, en la cual se hizo la primera guía de uso y seguridad de rDNA para ser seguida por todos los científicos que hacían investigación en esta tecnología [2] .


La investigación en rDNA siguió en marcha y en 1978 se anunció la producción de insulina humana en E. coli producto de la compañía Genentech (Genetic Engineering Technology, Inc. por sus siglas en ingles) ahora miembro del grupo Roche. En 1982 Monsanto (la compañía más grande en investigación y desarrollo de productos agrícolas biotecnológicos) logró la modificación genética de una célula vegetal y en 1996 llevó al mercado la primera semilla de soya resistente a herbicidas usando un gen de origen bacterial [3].



Las promesas de la ingeniería genética y los resultados de más de dos décadas de trabajo


Este advenimiento de la ingeniería genética de plantas en 1983, mostró como la manipulación transgénica podría beneficiar e incluso revolucionar la agricultura. El movimiento de caracteres genéticos deseables, superando la barrera entre especies, prometía resolver problemas en el manejo de cultivos, mejorar la salud animal y humana y dar nuevos ingresos a agricultores por cultivos de uso farmacéutico e industrial [4]. Además potencialmente podía beneficiar a países pobres dándoles cultivos de mayor rendimiento en suelos de baja fertilidad, resistentes a condiciones climáticas adversas (sequia y altas temperaturas), o con alto valor nutritivo.


Los resultados, después de más de 20 años de investigación y desarrollo en plantas transgénicas, muestran que para 2008 fueron sembradas alrededor de 125 millones de hectáreas de cultivos transgénicos (10.5% mas que en 2007) en 25 países (eran solo 6 países para 1996 creciendo a 22 en 2006) [5]. De estas plantas, la mayoría eran los cultivos de mayor interés económico en el mundo: soya, maíz, algodón, canola y alfalfa. En las cuales se había incorporado genes que confirieron resistencia a herbicidas e insectos, además de cultivos con intereses específicos como papa resistente a un virus que podría acabar con las siembras en África, arroz con alto contenido de hierro y vitaminas necesario para la población asiática malnutrida y una variedad de plantas capaces de sobrevivir en ambientes extremos [6]. Entre 1996 y 2008 se sembraron en total 800 millones de hectáreas de cultivos transgénicos, tomó 10 años alcanzar 400 millones de hectáreas pero en solo 3 años se alcanzaron acumulativamente las mismas hectáreas de OMG, estos fueron sembrados en 15 países para el desarrollo de productos y en 10 países para uso industrial [5].



Preocupaciones sobre el uso de plantas transgénicas


Consumo y salud humana


Pese a estas novedades aparentemente prometedoras, se han presentado discusiones sobre la seguridad del consumo de este tipo de alimentos. Muchas investigaciones se han realizado para apoyar o ir en contra de su consumo, sin embargo no hay pruebas con suficiente base científica para marcar las plantas transgénicas como perjudiciales para el ser humano, sin embargo hay que tener en cuenta que lo importante en este caso es mirar cada transgénico independientemente, ya que el transgén usado al provenir de diferentes fuentes (plantas, virus, bacterias), implica diferentes riesgos al ser liberado en el ambiente o al ser consumido. Como ejemplo esta un estudio realizado en Francia (Séralini et al, 2007, [7]) en el que por 90 días dan como alimento maíz genéticamente modificado (con tolerancia a herbicida y resistencia a insectos producido por Monsanto) a ratas y evalúan el efecto de esta dieta en la sangre y órganos de estos mamíferos, los resultados sugieren daños en órganos de las ratas y signos de toxicidad hepatorenal afectando riñones e hígado, los cuales son los órganos detoxificantes del organismo, y dependen del sexo de las ratas y la cantidad de este maíz en la dieta. Sin embargo Monsanto responde a este artículo diciendo que le hace falta rigor estadístico al usar métodos de estadística no-tradicionales que sesgan los resultados toxicológicos del experimento, además de indicar que no puede tener significancia biológica un tratamiento que afecta mas dependiendo del sexo del mamífero, respuestas que son apoyadas por El Consejo Francés de Biotecnología (HCB) y El Estándar de Alimentos de Nueva Zelanda y Australia (FSANZ) [8].


Mirando a fondo la investigación se encuentra que fue financiada por Greenpeace, así que la transparencia de los experimentos y las conclusiones quedan en duda cuando la organización que mas ataca el uso y consumo de OMG esta pagando por este tipo de estudios y cuando las compañías directamente atacadas ven en el uso de la estadística la forma de desmentir los hallazgos de los científicos, o como dice Monsanto estos resultados se pueden tener por simple azar y no por el efecto de los tratamientos [9], será que si en estos datos se aplica una estadística mas tradicional se llegarán a las mismas conclusiones de toxicidad? Según Monsanto no, soportado por una extensiva revisión del artículo, de los datos y de su propia experiencia en este tipo de investigaciones [10].


Ambiente


Otras preocupaciones surgen acerca de la seguridad del ambiente. Por ejemplo la polución genética por el movimiento de estos genes foráneos a otras especies lo cual, podría implicar desarrollo de nuevas bacterias resistentes a antibióticos por medio de transferencia horizontal de genes al haber un movimiento del transgén de la planta a la bacteria, sin embargo este proceso necesita una serie de condiciones en las células, en el ambiente, además de una localización espacio-temporal de la bacteria y la planta transgénica tan especifica que en la naturaleza difícilmente suceden; adicionalmente se debe tener en cuenta el simple hecho de que la bacteria tiene la capacidad de degradar cualquier ADN foráneo lo cual significa una menor probabilidad de esta polución genética [11].


También se habla de la invasividad, viéndola como la capacidad de un organismo de volverse una plaga y esparciese por todo el ecosistema, lo cual puede suceder principalmente de dos formas por autosostenibilidad de la población o por la introgresión de genes a la población silvestre o nativa. Por medio de intercruzas puede haber transferencia de genes, pero estudios de resistencia a herbicidas en malezas dio como resultado que no tienen ninguna ventaja ecológica, sin embargo el caso de otros transgenes como la tolerancia a salinidad en el suelo no han sido estudiados [11].


Otras preocupaciones ecológicas se derivan del contacto directo de poblaciones no objetivo con la planta transgénica, por ejemplo, en el caso de la abeja que se alimenta de polen de una planta transgénica tolerante a insectos, la exposición a la toxina (insecticida) en el polen es demasiado baja e inocua para la abeja, así que depende de la cantidad de toxina presente para que el insecticida funcione como tal en insectos nativos. Cabe aclarar que para poblaciones de insectos en el suelo, donde por ejemplo entrarían en contacto con la toxina al degradarse la planta en el suelo, no se ha encontrado ningún efecto del insecticida en ellos [11].


Y como último punto los efectos en la biodiversidad (abundancia y composición de especies) del agro-ecosistema. Las áreas de siembra de plantas transgénicas deben estar totalmente aisladas del ecosistema natural, por esto la dispersión de semillas, o contaminación del ambiente con plantas transgénicas o por el movimiento de polen y cruce con especies relacionadas depende exclusivamente de la responsabilidad del agricultor al sembrar bajo todos los requerimientos los OMG. También relacionado a esto, esta la reducción en la biodiversidad ya que probablemente la siembra de estas semillas termine siendo la única fuente de cierto tipo de alimentos, pero esto no difiere mucho del modelo de monocultivo que se usa en muchas zonas agrícolas del planeta.


Legislación


La bioseguridad y el uso adecuado de los OMG en campo son estrictamente controlados y aunque hay unas reglas generales para el uso de estos cultivos, muchos países tienen legislación específica tanto para la siembra como para la introducción de dichos materiales. La Unión Europea es la que presenta la legislación mas fuerte a nivel mundial, ellos para asegurar el desarrollo de la biotecnología moderna y los OMG bajo completa seguridad formula la Regulación (EC) 1829/2003, por la cual procura proteger la vida, la salud y el bienestar humano, el medio ambiente y los intereses del consumidor mientras asegura que el mercado interno trabaja eficazmente. Esta regulación es suplementada por la Regulación (EC) 1830/2003 en la cual se asegura el rastreo y la comercialización de los OMG puestos en el mercado [12]. También tiene regulaciones en los permisos para la entrada de ciertos productos los cuales deben estar autorizados por la comisión Europea basados en los estudios de riesgos realizados por la Autoridad Europea en Seguridad de Alimentos (EFSA, por sus siglas en ingles). En países como Alemania, España, Portugal, Eslovaquia, Polonia y República Checa es permitida la siembra de maíz transgénico [5], mientras que en otros miembros de la UE tienen totalmente prohibida su siembra y durante la comercialización los productos deben estar etiquetados como OMG. Caso contrario a países como Estados Unidos, el cual es el mayor productor de cultivos transgénicos teniendo mas del 50% de su producción, lo siguen países como Argentina, Brasil, Canadá, India y China, y en pequeña proporción otros países de América Latina.



Ciencia e Industria


Aparentemente, el mundo prometido por la ingeniería genética vegetal solo dependería de la efectividad de los científicos para entender los procesos específicos que ocurren en las plantas y utilizar los genes adecuados en la mejora de cultivos de importancia mundial. Sin embargo esta moneda tiene dos caras, la científica o de desarrollo y la económica o de mercado, y esta última depende de la industria y de los intereses que esta tenga. Ya que los OMG se perciben como ventajosos para el agricultor o el consumidor, la industria se concentra en innovaciones que los agricultores y el mercado van a apreciar [13]. Inicialmente se pensó en plantas transgénicas para incrementar la protección de cultivos, con resistencia a herbicidas o insectos, sin embargo el potencial de uso se amplió a otras características como tolerancia a sequía, uso efectivo de nutrientes limitantes en el suelo, cosecha de proteínas, e inclusive de anticuerpos, reducción de compuestos no deseados en un cultivo, y últimamente la producción de combustibles como el etanol, todo esto significa que es el mercado el que regula la investigación pagada por las grandes compañías biotecnológicas.


Derechos sobre la investigación y el conocimiento


Algo que ha desatado mucha polémica es el mercado de las semillas y las plantas transgénicas, ya que las compañías científicas que invierten en su investigación y desarrollo se hacen acreedoras de las patentes sobre los genes utilizados. Las patentes generan dividendos a las compañías y protegen la invención aproximadamente por 20 años (gen y método de desarrollo del OMG), garantizando así la comercialización exclusiva del producto recuperando la inversión y obteniendo ganancias. Durante ese tiempo, la compañía se prepara para la innovación o mejora de OMG, que reemplazaran a aquellos a los que la patente se les vencerá a mediano plazo [13]. Este es el caso de las primeras semillas transgénicas de soya tolerante a un herbicida específico, las cuales fueron liberadas al mercado en 1996 por Monsanto. Esta soya y el herbicida al que es tolerante fueron desarrollados por la misma compañía y las semillas están cubiertas por patente hasta 2014. Esto involucra que cualquier compañía podría usar el mismo gen y proceso para desarrollar el mismo tipo de semillas o variantes de estas, e inclusive los agricultores podrían guardar algo de estas semillas para la siguiente época de siembras. Sin embargo durante este tiempo la compañía ha desarrollado un producto mejor de soya con la resistencia al herbicida y con mayor rendimiento, sobre el cual también hay una patente y hará que los agricultores se muevan a comprar el nuevo producto a precios que pueden ser el doble de una semilla normal [14]. Así que el ciclo sigue y las compañías continúan con el monopolio sobre los derechos de la investigación y el desarrollo de nuevas variedades.



Para pensar


El balance de los primeros trece años de la revolución agro-biotecnológica (desde 1996 cuando se liberó la primera semilla transgénica al mercado), se resume en una mayor adopción de OMG por el mundo como medio para garantizar su seguridad alimentaria, mas seguridad en el uso de estos, y mayor aceptación de los consumidores. Sin embargo, los debates acerca del monopolio industrial para la producción de semillas transgénicas, los derechos sobre los genes y procesos de mejora de variedades en mano de unos pocos, el impacto de los OMG en el ambiente y el uso de la biotecnología en pro de los más desfavorecidos alimentariamente siguen en discusión.



[1] http://en.wikipedia.org/wiki/Recombinant_DNA

[2] http://www.bookrags.com/research/asilomar-conference-wog/

[3] http://blog.monsantoblog.com/2009/06/19/seed-patent-history/

[4] http://attra.ncat.org/attra-pub/geneticeng.html

[5] http://www.isaaa.org/RESOURCES/PUBLICATIONS/BRIEFS/39/executivesummary/default.html

[6] http://www.ornl.gov/sci/techresources/Human_Genome/elsi/gmfood.shtml

[7] de Vendômois JS, Roullier F, Cellier D, Séralini GE. A Comparison of the Effects of Three GM Corn Varieties on Mammalian Health. Int J Biol Sci 2009; 5:706-726. http://www.biolsci.org/v05p0706.htm

[8] http://blog.monsantoblog.com/2010/01/12/monsanto-addresses-study/

[9] http://www.monsanto.com/products/techandsafety/fortherecord_science/2010/monsanto_response_de_vendomois.asp

[10] Hammond B, Dudek R, Lemen J, Nemeth M. Results of a 13 week safety assurance study with rats fed grain from glyphosate tolerant corn. Food Chem Toxicol. 2004 Jun;42(6):1003-14. http://www.sciencedirect.com/science?_ob=ArticleURL&_udi=B6T6P-4BY3M6Y-6&_user=10&_coverDate=06%2F30%2F2004&_rdoc=1&_fmt=high&_orig=search&_sort=d&_docanchor=&view=c&_acct=C000050221&_version=1&_urlVersion=0&_userid=10&md5=c6fe7ba033d70fc0911425c9dc7ce209

[11] Travis R. Glare, Maureen O’Callaghan, Louise A. Malone and Elisabeth P.J. Burgess, Summary of current scientific awareness of the effect of genetically modified organisms on the natural environment, Report prepared for the Ministry of the Environment, 2001, http://www.pdfone.com/download/0_keywordsummaryofcurrentscientificawarenessoftheeffectof/summary-of-current-scientific-awareness-of-the-effect-of.pdf

[12] http://ec.europa.eu/food/food/biotechnology/gmo_intro_en.htm

[13] http://www.who.int/foodsafety/publications/biotech/20questions/en/index.html

[14] http://www.organicconsumers.org/articles/article_19885.cfm

Séralini GE, Cellier D, Spiroux de Vendômois J. New analysis of a rat feeding study with a genetically modified maize reveals signs of hepatorenal toxicity. Arch Environ Contam Toxicol. 2007;52:596-602


Mas información acerca de


Estado de los cultivos transgénicos en 2008 por El Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones Agro-Biotecnológicas

http://www.isaaa.org/RESOURCES/PUBLICATIONS/BRIEFS/39/executivesummary/default.html

Preguntas mas frecuentes acerca de OMG por la Organización Mundial de la Salud

http://www.who.int/foodsafety/publications/biotech/20questions/en/index.html

Cultivos Transgénicos por El Servicio de Información Nacional en Agricultura Sostenible

http://attra.ncat.org/attra-pub/geneticeng.html

Seguridad alimentaria en Europa por la Comisión Europea

http://ec.europa.eu/food/food/biotechnology/gmo_en.htm