Subscribe RSS
Mostrando entradas con la etiqueta Arabidopsis thaliana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Arabidopsis thaliana. Mostrar todas las entradas


Si a las plantas no les da cáncer, ¿podrían ayudarnos a entender qué sucede en el proceso carcinogénico?

Por Mauricio Quimbaya
 

El libro de la vida

Si se me permite hacer una comparación un tanto simplista en aras de tratar de explicar algo bastante complejo, diré que el genoma celular puede equipararse al libro de la vida. En él está escrita utilizando el lenguaje del ADN, la historia de nosotros y del resto de organismos como individuos, como especie y como linajes particulares. Cada organismo tiene un libro propio y en él están codificados cada uno de los elementos de este gran misterio al que llamamos vida.

Todos los libros están divididos en capítulos y en el caso del libro de la vida que nos describe como humanos, éste se encuentra dividido en 46 capítulos. Cada capítulo corresponde a cada uno de los cromosomas en los cuales se encuentra empaquetado nuestro genoma. Los capítulos están divididos en párrafos. Hay muchos párrafos que hasta hace  muy poco, pensábamos, contenían información que al leerla no contribuía a estructurar la historia plasmada en este libro, el denominado ADN basura. Está concepción cambió radicalmente, pero como es una historia diferente, ahora no ahondaré en ello. Existen algunos párrafos, muy pocos, que son los que narran nuestra historia biológica a través del tiempo. A estos párrafos los denominamos genes y son las unidades básicas que cementan nuestro genoma.

Nuestro libro de la vida es enorme, está escrito con seis mil millones de caracteres estructurando los distintos párrafos del libro, lo que equivale a tener una enciclopedia de 500 tomos, cada tomo del tamaño del directorio telefónico de una ciudad como Bogotá. Si quisieras sentarte a leer tu historia, te tomaría aproximadamente 10 años seguidos sin interrupciones. Tanta información significa que somos seres complejos, con una larga historia familiar y con muchas cosas para contar. Tenemos primos distantes como las bacterias con libros que contienen una menor cantidad de información y primos cercanos como las plantas con libros que poseen mucha más información.

Siempre fui un buen lector, y siempre me atrajo la naturaleza y la vida, de manera que traté de compaginar ambas actividades siendo biólogo para leer y tratar de entender el que es hasta ahora mi libro favorito, el libro de la vida.

Por algunos años me limité a tratar de entender la historia contenida en uno u otro libro. Algunas veces estaba inmerso en el genoma de alguna planta y en otras ocasiones trataba de descifrar el código escrito en el libro de algún animal. Todo cambió con mis estudios de doctorado, allí aprendí a comparar distintos libros de la vida para tratar de entender una o varias historias allí contadas simultáneamente.

La comparación de distintos libros es útil para saber que párrafos (genes) se han mantenido constantes o invariables en la historia de la vida, a éstos los podríamos definir como los elementos constitutivos de la vida. De la misma forma esta comparación nos sirve para saber qué párrafos nuevos han surgido a medida que se escriben nuevas historias (cuando surgen nuevos organismos), en este caso, dichos elementos son claves para entender el proceso evolutivo y los procesos de adaptación a circunstancias particulares.

En el presente escrito quiero ilustrar mediante un ejemplo,  de qué manera la comparación de distintos libros de la vida, es una estrategia eficiente para la detección de nuevos elementos biológicos que puedan ayudar a explicar o a entender mejor un fenómeno de interés, en mi caso particular el desarrollo del cáncer, entendido como la perdida de la identidad celular de un grupo de células específicas, trayendo como consecuencia primaria la pérdida de su control proliferativo (para saber más en relación al proceso carcinogénico, visitar  Dinámicas y mecanismos del cáncer en nuestro blog).

Casi siempre olvidamos las preguntas verdaderamente importantes

Aunque fue hace ya algunos años, recuerdo como si fuera ayer la primera vez que hablé sobre mi proyecto de doctorado con quien para ese entonces era mi jefe. Todo mi proyecto lo resumió en una frase:

-       -“Vamos a encontrar nuevos genes relacionados con el proceso carcinogénico, empezando la búsqueda desde Arabidopsis thaliana”.

-        - ¡Genial! -Le contesté yo sin tener una verdadera noción de lo que estaba diciendo.

-        -  La verdad, no creo que sea tan genial pues te va tocar trabajar bastante y no estoy seguro que al final encontremos algo relevante-me dijo directamente mi jefe. En ese instante me di cuenta que contrario a mí, él si tenía una noción muy clara de lo que estaba diciendo.

-        -  ¡Genial!, me gustan los retos- le contesté ya no tan sonriente…¿y saben qué?, fue todo un reto.

El proyecto se fundamentaba en proponer una metodología experimental que permitiera asociar causalmente genes a los cuales aún no se les hubiera encontrado una función molecular específica, con procesos relacionados con el inicio o progreso de la transformación cancerígena. Para este proceso de identificación de genes debía utilizar un modelo biológico particular, y dicho modelo era Arabidopsis thaliana, una planta (para saber más en relación al uso de A thaliana como organismo modelo, visitar Genómica comparativa: ¿pueden una planta o una mosca enseñarnos algo acerca de nuestro genoma y de nuestra historia como especie? en nuestro blog).

Pasé varios meses tratando de identificar la metodología más eficiente para tratar de explorar el genoma de Arabidopsis con el fin de identificar genes, no solamente sin función definida, sino que también tuvieran una alta probabilidad de estar implicados en procesos cancerígenos cuando no funcionaban como debían funcionar, bien fuese porque la célula los produce en exceso o insuficientemente. Leí más de cien artículos científicos tratando de encontrar la metodología adecuada, les pregunté a muchos colegas quienes amablemente me daban su opinión y en momentos de frustración hacía por último lo que debería haber hecho primero, preguntarle a mi jefe.

Mi primer eureka lo vivencié cuando se me ocurrió que tal vez la información que podía explotar del genoma de Arabidopsis individualmente era insuficiente. Pensé que sería útil si pudiera comparar el genoma de esta plantita con otros genomas, lo cual me permitiría encontrar genes conservados evolutivamente que fueran más robustos en el momento de inferir funciones específicas, y sobre todo, útiles en el momento de encontrar relaciones funcionales con procesos biológicos implicados en el desarrollo del cáncer. Las siguientes preguntas fueron: ¿qué genomas comparar? y ¿cómo hacerlo? Recordé las palabras de mi jefe, “tendrás que trabajar mucho”.

Discutiendo con mi jefe y algunos colegas llegamos a la conclusión que lo más sencillo sería comparar el genoma de Arabidopsis con el genoma humano, ya que ambos son genomas que se encuentran totalmente secuenciados y, a su vez, son genomas ricos en información tanto estructural como funcional plenamente libre para la comunidad científica. Lo siguiente fue ponerme en contacto con un brillante bioinformático del instituto en el cual trabajaba, quien me ayudó a refinar la estrategia computacional necesaria para comparar dos genomas de más de 20 mil genes cada uno, además de ayudarme a desarrollar las herramientas bioinformáticas, necesarias para inferir relaciones funcionales de genes específicos que me permitieran encontrar genes con una alta probabilidad de estar implicados en procesos carcinogénicos.

Como eje central partimos de la maquinaria necesaria para que una célula se divida. A las moléculas implicadas en este proceso se les conoce como genes reguladores del ciclo celular y son los encargados de que el proceso de división celular se realice coordinadamente tanto en un momento determinado como en la célula específica que necesita dividirse y no en otra.

La hipótesis de trabajo fue lo más simple posible. Debíamos explorar sistemáticamente el genoma de Arabidopsis thaliana para encontrar genes sin función específica, los cuales de acuerdo a ciertos  filtros funcionales implementados, tuvieran una alta probabilidad de ser genes relacionados con procesos de división celular en esta planta modelo. La identificación de nuevos reguladores del ciclo celular en A. thaliana nos podría llevar a detectar genes ortólogos (hermanos) en humanos, cuya función también fuera desconocida, que pudiéramos asociar con procesos de división celular y quizás, por qué no, cuando su función fuera alterada, con procesos cancerígenos.

Estructuramos una plataforma computacional la cual, integrando distintas fuentes de información [1], me permitió acceder a la información contenida en los genomas tanto de la plantita como en el humano con el fin de encontrar genes sin función conocida que tuvieran una alta probabilidad de estar involucrados en procesos de división celular en ambos organismos. Inicialmente tomamos como punto de partida casi la totalidad del genoma tanto de Arabidopsis como de humano, es decir, más de veinte mil genes de la planta y de la misma manera más de veinte mil genes del humano, y mediante la aplicación sistemática y lógica de distintos filtros funcionales, pudimos reducir la lista a 40 pares de genes candidatos, los cuales según nuestro procedimiento computacional, no tenían hasta ese momento una función molecular asignada y tenían una alta probabilidad de estar implicados en procesos de regulación de la división celular tanto en plantas como en humanos [2]. Ese fue mi segundo pequeño eureka, una lista más o menos manejable experimentalmente de genes, que podía probar en laboratorio, para colocar nuestra hipótesis a prueba y demostrar que su función podía estar involucrada con el control del ciclo celular, bien fuera en plantas o en humanos. 

Lamentablemente el éxtasis no duró mucho, luego de casi un año de análisis bioinformáticos la pregunta verdaderamente importante y que le daba sentido al proyecto vino a mi cabeza: ¿cómo pretendo encontrar genes relacionados con el desarrollo del proceso cancerígeno, partiendo de la exploración del genoma de un organismo al cuál no le da cáncer? Porque hasta donde yo sabía, a las plantas no les daba cáncer y por lo tanto Arabidopsis thaliana, la cual pertenece al reino vegetal, poca o muy poca información podía entregarme en relación al desarrollo de esta enfermedad. No podía creer que la primera pregunta que debía haberme hecho, sólo había surgido casi un año después del inicio del proyecto, cuando tenía los ojos cuadrados de ver una pantalla de computador y justamente cuando había acabado de analizar la matriz de Excel más grande de mi vida.

Pero siempre hay luz al final del túnel…la otra cara de la moneda

Mi primera reacción fue la de explorar la literatura científica para tratar de encontrar evidencia que demostrara que a las plantas si les puede dar cáncer y, si este fenómeno no se diera en plantas, razones por las cuales este proceso no es viable en estos organismos.

No encontré mucha literatura científica relacionada con los interrogantes que estaba planteando, pero por lo menos encontré una decena de artículos que ya habían tratado de responder dichas dudas. La respuesta básicamente fue que en plantas no existe un fenómeno similar al que nosotros conocemos como cáncer y esto se puede explicar por varios factores [3,4].

La característica sésil de las plantas las ha llevado a desarrollar mecanismos increíblemente eficientes para tolerar circunstancias medioambientales muchas veces agrestes. Nosotros como animales móviles, si está haciendo mucho sol y sentimos que nuestra piel se está calentando más de lo debido, simplemente caminamos hacia la sombra de un árbol o nos colocamos un sombrero. Las plantas no pueden hacer esto simplemente porque su movilidad es mínima, por lo tanto, millones de años de evolución las han llevado por ejemplo, a que la luz sea un aliado más que un enemigo por medio del proceso fotosintético, de igual manera poseen un desarrollo post-embrionario que las hace mucho más plásticas permitiendo que su morfología se desarrolle concomitantemente con las condiciones medioambientales que soportan. Sus procesos de reparación de daños en el ADN son diferentes a los llevados a cabo en células animales y, además, son mucho más eficientes. Por último la pared celular hace que sus células estén confinadas, lo cual haría imposible que una célula que pierde su identidad celular y se torna cancerígena migre hacia otros órganos de la planta, proceso que en animales se conoce como metástasis y que es en realidad el verdadero asesino de los pacientes con cáncer.

No negaré que luego de asimilar esta información, estuve algunos días meditabundo y un poco cabizbajo, pensando en qué tal vez, la profecía de mi jefe se haría realidad, y la estrategia de encontrar nuevos reguladores del proceso carcinogénico utilizando una planta como modelo no fuera la mejor. Sin embargo luego de darle muchas vueltas a la misma idea pude distinguir la otra cara de la moneda.

Dado que estaba buscando genes relacionados con los procesos de división celular y, teniendo en cuenta que, este es un proceso ancestral y altamente conservado en la historia de la vida (los genes controladores del ciclo celular pertenecerían a ese grupo de párrafos que son comunes a la mayoría de libros de la vida) cabía la posibilidad que las funciones de tales genes como reguladores del proceso de división celular, aún estuvieran conservadas entre plantas y humanos. Esto a pesar de que hace más de 1.2 billones de años desapareció el último ancestro común entre ambos grupos.

Genes que estuvieran controlado ciclo celular en plantas, tendría una función tan fundamental para el mantenimiento de la vida que los ortólogos de dichos genes en humanos seguirían controlando tal proceso.

Si lograba demostrar experimentalmente que dentro de mi lista de genes candidatos existían parejas de genes que regulaban procesos de división celular tanto en plantas como en humanos y, concomitantemente, si podía probar que la disrupción de la función de algunos de dichos genes candidatos en células humanas se asociaba con el inicio y/o progreso del proceso carcinogénico, no sólo demostraría que la estrategia de comparar distintos libros de la vida es útil para asignar funciones putativas a genes que no se sabía qué estaban haciendo dentro del genoma, sino que, también sería una fuerte evidencia para demostrar como una planta a la cual en teoría no le da cáncer, es un excelente modelo para entender procesos carcinogénicos, por lo menos desde el punto de vista desde la pérdida de control del proceso de división celular. Esto podría salvar la vida de miles de ratones de laboratorio que se usan a diario para entender cómo es el proceso de inicio y desarrollo de la enfermedad. Si lograba hacer esto en los 3 años que me quedaban de beca la tarea estaría realizada…“tendrás que trabajar mucho”-recordé las palabras de mi jefe.

Para hacer una historia muy larga corta

Usando a Arabidopsis thaliana como modelo experimental pudimos demostrar que más de la mitad de nuestros genes candidatos al ser eliminados del genoma de la planta (algo que se conoce cono Knocking-out) producían distintos fenotipos característicos de genes que controlan el proceso de división celular. Cuando analizamos las hojas de las plantas mutantes (a las cuales se les había eliminado el gen) en comparación a plantas con su genoma intacto (denominadas silvestres) observamos como los mutantes tenían o muchas más células o muchas menos, y dichas células eran o mucho más pequeñas o mucho más grandes. Aún más interesante, cuando se analizaron distintos tumores de pacientes con cáncer, fue posible establecer una relación directa entre el tiempo de supervivencia de los pacientes y alteraciones en la expresión de los genes de humanos ortólogos a aquellos de Arabidopsis implicados en el control del ciclo celular. Es decir, si la expresión de dichos genes era más alta que los estándares considéranos como promedio en pacientes sanos, los pacientes con dicha expresión anómala de nuestros genes candidatos, tenían una probabilidad baja de supervivencia. Experimentalmente pudimos demostrar mediante el análisis de los genes candidatos detectados usando herramientas bioinformáticas que, si un gen en Arabidopsis regula ciclo celular, su ortólogo en humanos tiene una alta probabilidad de cumplir la misma función en células humanas y además, comprobamos que si la función de tales genes es alterada, es también muy probable que dichos genes estén implicados en el desarrollo del proceso carcinogénico [2].

De la misma manera, tuvimos la oportunidad de estudiar un par de genes homólogos en profundidad no solamente asociándolos con el proceso de división celular tanto en plantas como en humanos, sino también, ahondando en la función molecular que desempeñan. El gen ETG1 de Arabidopsis y su ortólogo MCMBP en humanos son nuevos reguladores del proceso de división celular controlando no solamente el proceso de replicación del ADN, sino también, el proceso de división equitativa de los cromosomas en anafase [5]. Realizando estudios en cultivos de células humanas, en ratones y en tumores de humanos pudimos demostrar que el gen MCMBP, antes de nuestro estudio sin función conocida, es un nuevo elemento vital controlando los procesos de división celular tanto en plantas como en humanos y, además, es un factor clave el cual al alterar su expresión, induce el desarrollo del proceso carcinogénico por lo menos en el caso particular del cáncer de colón [6].

Mensaje para llevar a casa

El libro de la vida, aunque complejo, es fascinante, durante mis estudios de doctorado aprendí a leerlo de una manera distinta. Entendí la importancia de comparar distintas historias para captar de una manera más clara la información que éstos contienen. Comprendí que existen mil y un maneras distintas de aproximación a las historias que allí están escritas y, que de cada una de estas maneras de interpretación podemos sustraer pequeños fragmentos que narran un pedazo de historia biológica, la cual, nos ayuda a entendernos a nosotros como organismo, especie y linaje. Puedo decir sin temor a equivocarme que la lectura de este gran libro de la vida aparte de formarme como científico me hizo un mejor ser humano, más consiente en relación al papel que como seres humanos jugamos en el universo y, maravillado con la complejidad característica de esta propiedad que nos hace únicos en el cosmos, la vida.

No sé si de alguna manera mis experimentos y los artículos publicados han contribuido con un granito de arena a entender el proceso carcinogénico, pero estoy convencido que para algunos científicos Arabidopsis thaliana ha surgido como un modelo experimental tan pertinente como Drosophila melanogaster (la mosca de la fruta) o como Mus musculus (el ratón de laboratorio) para tratar de explicar y entender los cambios característicos del proceso canceroso. Ahora que he comenzado mi carrera científica, pienso seguir utilizando a esta pequeña plantita como modelo experimental para mis investigaciones relacionadas con el control del ciclo celular y con el proceso de transformación neoplásica. Mi jefe tenía razón, tuve que trabajar arduamente pero cuando uno hace lo que ama hacer, el universo conspira para que el trabajo fluya y la barca llegue a buen puerto.

Todo aquel que se involucra de una manera seria en el proceso de investigación científica, sabe que a la entrada del templo de la ciencia está escrita la frase: debes tener fe Max Planck.

Referencias

[1] Vandepoele, K, Quimbaya, M, Casneuf, T, De Veylder, L and Van de Peer, I. 2009. Unraveling Transcriptional Control in Arabidopsis Using cis-Regulatory Elements and Coexpression Networks. Plant Phys. 150: 535-546.

[2] Quimbaya, M, Vandepoele, K, Raspé, E, Matthijs, M, Dhondt, S, Beemster, G, Berx, G and De Veylder, L. 2012. Identification of putative cancer genes through data integration and comparative genomics between plants and humans. Cellular and Molecular Life Sciences. 69(12):2041-55.

[3] Doonan J & Hunt T. 1996. Cell cycle. Why don't plants get cancer?. Nature. 380(6574):481-2.

[4] Jones AM, Chory J, Dangl JL, Estelle M, Jacobsen SE, Meyerowitz EM, Nordborg M, Weigel D. 2008. The impact of Arabidopsis on human health: diversifying our portfolio. Cell. 133(6):939-43.

[5] Takahashi, N, Quimbaya, M, Schubert, V, Lammens, T, Vandepoele, K, Schubert,I, Matsui, M, Inzé, Berx, G and De Veylder, L. 2010. The MCM-Binding Protein ETG1 Aids Sister Chromatid Cohesion Required for Postreplicative Homologous Recombination Repair. PLoS Genetics. 6 (1).

[6] Quimbaya, M, Raspé, E, Denecker, T, De Craene, B, De Veylder, L and Berx, G. Misregulation of the novel replisome factor MCMBP favors oncogenesis in colorectal carcinomas by chromosomal instability induction. Sometido a Oncogene.


¿Qué le sucede a una planta cuando tiene sed?

Por Lorena López-Galvis

Desde que inicie mi carrera de agronomía me interesé principalmente en explorar en detalle cómo se forma una planta, desde una célula hasta órganos completos, más que en la producción masiva de cultivos agrícolas. Ese interés se convirtió en mi enfoque profesional, cuando en mi experiencia de pasantía pude trabajar en campos de producción de frutas y allí vi que mi carrera me podía ofrecer también la oportunidad de entender como esa planta crecía y lo que necesitaba para su desarrollo. Aprender que cada especie tiene requerimientos nutricionales y ambientales particulares, así como entender que esos factores son primordiales para el manejo de los cultivos establecidos en ese ambiente, me permitió ver que así como hay lugares muy adecuados para la producción agrícola, también existen ambientes limitantes para la producción vegetal. Esto último me llevó a enfocar mi carrera hacia la investigación, y específicamente a trabajar en adaptación de plantas a ambientes secos o con baja disponibilidad de agua, lo que se conoce como tolerancia a estrés por sequía.

Aunque existen muchos factores abióticos que afectan negativamente la producción agrícola mundial (calor, frío, sequía, acidez de suelos, salinidad), y solo el 10% de la tierra arable del mundo está libre de estos problemas, es la sequía uno de los factores de mayor impacto económico, ya que afecta el 45% de las zonas agrícolas del mundo [1] y junto con los otros estreses abióticos puede reducir la productividad en un 50-70% [2].

Las plantas son capaces de adaptarse y responder a las condiciones fluctuantes del ambiente que les causan estrés, debido a que el ambiente influye en la expresión de genes de respuesta a dichos estreses y como consecuencia, las plantas ajustan sus patrones de desarrollo, fisiología y bioquímica. En el caso particular de la sequía, la respuesta adaptativa o de tolerancia de las plantas depende de la etapa de desarrollo en la que se encuentren dentro de su ciclo de vida. Las plantas pueden modificar sus respuestas de maneras diversas, por ejemplo pueden tratar de acortar su ciclo vegetativo y empezar a florecer con tal de garantizar el paso de sus genes a las nuevas generaciones; en otros casos pueden reducir su metabolismo al mínimo y esperar hasta el momento en que llegue la lluvia, para activar su ciclo reproductivo. A nivel fisiológico, las plantas pueden resguardar su agua interna evitando transpirar (proceso de pérdida de agua por los estomas o poros de las hojas) a expensas de reducir el intercambio de gases, su tasa fotosintética y su crecimiento. Adicionalmente, a nivel de mecanismos de desarrollo, hay plantas que al experimentar sequía desarrollan raíces largas y abundantes, con el fin de explorar capas muy profundas de suelo en búsqueda de agua.  

Desarrollo de raíces profundas

Las estrategias de mejoramiento de plantas para tolerar estrés por sequía son variadas y extensas. Dentro del programa de mejoramiento de frijol del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) se estableció una metodología de evaluación de líneas mejoradas de frijol teniendo en cuenta principalmente el desarrollo de raíces profundas en condiciones de sequía [3, 4]. Las líneas mejoradas de frijol que exhiben un mejor desarrollo radicular en el sistema de evaluación de sequía en cilindros bajo invernadero (Fig. 1), presentan también un buen desempeño y tolerancia a condiciones de sequía en campo. De alguna manera estos materiales toleran sequía por medio de un gran desarrollo de su parte radicular. Esta característica puede ser utilizada en el establecimiento de programas de fitomejoramiento y en la selección de las líneas que se cruzarán, con el fin de producir materiales de frijol aptos para el cultivo en zonas secas de África oriental y occidental, y en América Latina. En estas zonas, el frijol se cultiva por pequeños agricultores en condiciones mínimas de insumos y es un elemento fundamental de la dieta de estas poblaciones, ya que es una proteína económica que aporta calorías [5].

Fig. 1. Plantas de fríjol creciendo en cilindros plásticos para observar el desarrollo de raíces en un sistema de riego óptimo (A) y de sequía en el suelo (B). Las flechas indican la profundidad a la cual llegaron las raíces explorando el suelo.

Sin embargo, las plantas no solo alteran su anatomía y fisiología en respuesta a condiciones de estrés, también tienen mecanismos moleculares que regulan la expresión de genes para generar respuestas a estreses abióticos.  

Genes DREB como activadores de respuestas a estrés

Dentro de las estrategias genéticas para mejorar la tolerancia de los cultivos a la sequía existen muchos ejemplos de genes promisorios que se han investigado en plantas de cultivo de importancia económica (p.e. arroz, maíz, soya) y que por medio de ingeniería genética se han introducido en estas especies, en la búsqueda de producir variedades que puedan adaptarse a ambientes con déficit hídrico. Un ejemplo de este tipo de genes son los DREB (proteína de unión al elemento de respuesta a deshidratación, del inglés dehydratation-responsive element binding protein), los cuales se activan en respuesta a condiciones de deshidratación, frío y salinidad e inducen la expresión de un amplio set de genes de respuesta a estrés. Por medio de la transformación genética de plantas de arroz para la sobreexpresión (alta producción de transcrito) de los genes DREB1A y DREB1B se desarrollaron fenotipos con tolerancia a estrés de sequía, frío y salinidad. Se encontró también que estas plantas transgénicas acumulaban azúcares y prolina los cuales actúan como osmoprotectores en caso de estrés ya que pueden proteger a las células de perder excesivamente agua en condiciones de sequía, o de la cristalización de los fluidos celulares en caso de helada [6].

Ya que los azúcares se han definido como moléculas importantes en la respuesta a estreses, existe un azúcar formado por dos unidades de glucosa que ha sido estudiado por su capacidad de proteger a las células en condiciones de extrema deshidratación, este azúcar es conocido como trehalosa.
  
Trehalosa: un azúcar osmoprotector

Bioquímicamente los azucares (sucrosa, fructosa, glucosa, etc.) son las unidades energéticas de las células vegetales, son el alimento que permite el crecimiento y desarrollo de las plantas y son formados a partir de la fijación de la luz solar durante el proceso de la fotosíntesis. Las plantas tienen diferentes capacidades de acumular los distintos azucares que producen, pero hay uno en especial que ha sido estudiado por su función como osmoprotectante en la planta de resurrección Selaginella lepidophylla. Esta planta puede llegar a perder el 75% de su agua y reverdecer cuando el agua está disponible, este fenómeno se debe a la alta acumulación del azúcar trehalosa en la planta deshidratada -15% de su peso seco- (Fig. 2). La trehalosa es también la responsable de que las levaduras sigan vivas a pesar de estar en condiciones totalmente secas. Estas características de la trehalosa la hicieron uno de los objetivos de investigación de diversos grupos científicos en el mundo en búsqueda de plantas tolerantes a la sequía. De esta manera en tabaco, arroz, trigo y alfalfa, entre otros, se han introducido genes de levaduras y plantas involucrados en la síntesis de trehalosa teniendo resultados de cierta tolerancia a déficit hídrico que no estaban directamente asociados con la acumulación de trehalosa. Sin embargo, las plantas modificadas con estos genes presentaron defectos en su desarrollo, acumulación de otros azucares y otros fenotipos; lo que indica que los genes introducidos pueden alterar otros aspectos moleculares y no están restringidos a síntesis y función osmoprotectante de la trehalosa [7].
Fig.2 La planta de resurrección Selaginella lepidophylla también conocida como flor de Jericó, permanece viva en condiciones extremas de deshidratación (A) y reverdece luego de absorber agua (B).


La trehalosa es derivada de la glucosa, y aunque en plantas cultivables se ha encontrado que hay numerosos genes envueltos en esta cadena metabólica, la acumulación de trehalosa en plantas superiores es nula. Este hecho permitió plantear la pregunta de mi doctorado, ¿qué función cumplen todos esos genes en la planta si no están encargados de la producción y acumulación de trehalosa? Lo que se encontró es que estas proteínas pueden estar divergiendo hacia otras funciones en la planta que no son necesariamente la producción de trehalosa pero si el control del metabolito intermedio en su vía de síntesis conocido como Trehalosa-6-Fosfato (T6P), el cual es una señal del estatus energético de la planta [7]. La modificación de la expresión de los genes de síntesis de trehalosa en la planta modelo Arabidopsis thaliana, mostró un gran rango de fenotipos entre los cuales se encontraron fuertes interacciones de dichos genes con la vía de señalización de hormonas como el ácido abscísico (ABA) [8]. El ABA es importante en activar la respuesta a estrés, en caso de déficit hídrico la acumulación de ABA en la planta hace que se cierren los estomas para evitar perder el agua interna, sin embargo, esta respuesta no se ve en plantas en las que se ha suprimido un gen de síntesis de trehalosa (AtTPPG). En estas plantas modificadas tampoco se observó un cambio importante en la producción de trehalosa o de otros azucares sugiriendo que esta proteína podría estar jugando un papel más especifico en las respuestas a estrés por medio de ABA más que en el metabolismo de trehalosa [8].

En síntesis, durante mi carrera científica he podido explorar diferentes estrategias de investigación para entender los mecanismos tanto a nivel morfológico, fisiológico y genético de tolerancia a estrés por sequía. Sin embargo este es un tópico muy complejo que ha requerido el esfuerzo de investigadores en todo el mundo, y que últimamente ha generado la atención de la comunidad científica ya que los cambios climáticos y las irregularidades en la frecuencia de lluvias han afectado enormemente a los cultivos y agricultores del mundo.  

Referencias

[1] Flowers T.J., Yeo A.R. Breeding for salinity resistance in crop plants: Where next? Aust. J. Plant Physiol. 1995; 22:875–884.

[2] Mittler R. Abiotic stress, the field environment and stress combination. Trends Plant Sci. 2006; 11:15–19.

[3] López-Galvis, L. Evaluación de la tolerancia a la sequia en frijol común (Phaseolus vulgaris L.) en condiciones de invernadero. 2005. Tesis de pregrado en Ingeniería Agronómica. Universidad Nacional de Colombia.

[4] Polania, J. A.; Rao, I. M.; Beebe, S y García, R. 2009. Desarrollo y distribución de raíces bajo estrés por sequía en fríjol común (Phaseolus vulgaris L.) en un sistema de tubos con suelo. Agron. colomb. 27: 25-32.

[5] Rao, I.M. 2002. Role of physiology in improving crop adaptation to abiotic stresses in the tropics: The case of common bean and tropical forages. pp. 583-613. En: Pessarakli, M. (ed.). Handbook of plant and crop physiology. Marcel Dekker, New York, NY.

[6] Dehydration responsive element binding protein (DREB)1-type transcription factors in transgenic rice improve tolerance to drought, salt, and freezing. JIRCAS Research Highlights 2005.

[7] Paul, M., Primavesi, L., Jhurreea, D. y Zhang, Y. 2008. Trehalose metabolism and signaling. Annu Rev Plant Biol 59:417-441.

[8] Vandesteene L, López-Galvis L, Vanneste K, Feil R, Maere S, Lammens W, Rolland F, Lunn JE, Avonce N, Beeckman T y Van Dijck P. 2012. Expansive Evolution of the TREHALOSE-6-PHOSPHATE PHOSPHATASE Gene Family in Arabidopsis. Plant Phys 160(2):884-96.

Por Mauricio Quimbaya

Introducción

Sin lugar a dudas estamos entrando al siglo de oro de la biología; si los grandes físicos del siglo pasado como Einstein o Hawking revolucionaron la ciencia con su teoría de la relatividad y con sus historias de hoyos negros y Big Bangs, éste es el siglo de los biólogos como Watson, Crick y Venter. El momento que estamos viviendo actualmente, está destinado a modificar la visión acerca de la biología de los seres vivos de una manera radical. Las últimas tecnologías de secuenciación, las técnicas más recientes para analizar la expresión de todos los genes de un determinado organismo, y el auge de nuevas tecnologías basadas en el análisis masivo de proteínas han creado una nueva dimensión para explicar fenómenos biológicos: una visión sistémica de la biología.

Con el advenimiento de las nuevas tecnologías ómicas (genómica, proteómica, metabolómica, transcriptómica, etc), actualmente los científicos estamos en la capacidad de evidenciar no solo lo que pasa con un gen específico que se encuentra sospechosamente asociado con un fenotipo particular como por ejemplo, una enfermedad, sino que al mismo tiempo podemos ver de que manera fluctúan, se alteran, modifican su expresión o se reprograman el resto de veinte mil genes que constituyen el genoma de un persona o un grupo de personas. De esta manera, es posible identificar grupos de genes que se alteran de una misma manera, o encontrar subgrupos claves de genes que influencian directamente la expresión de otros, trayendo como consecuencia el origen de dicha enfermedad. En las últimas décadas, hemos pasado de una visión mecanicista de la biología (un gen, una enzima un fenotipo), a una visión sistémica del problema, es decir, queremos averiguar, cómo se alteran las redes génicas, enzimáticas o proteicas y así tratar de entender a los sistemas biológicos como un todo en el cual hay una interconexión dinámica entre cada una de sus partes.

Distintas ventanas, que dan una nueva dimensionalidad a la forma como entendemos la biología, se han abierto gracias a los recientes avances tecnológicos en materia de investigación celular y molecular. Una de dichas ventanas, es la que denominamos los científicos como genómica comparativa, una rama de la biología emergente, que surge como consecuencia directa, de la divulgación de distintos proyectos de secuenciación de genomas completos. Aunque suene un poco a ciencia ficción, los científicos estamos ahora en la capacidad de aprender nuevas cosas, basándonos no solo en cada una de las piezas que forman el rompecabezas de la vida (los genes), sino, que ahora podemos generar un nuevo conocimiento, tomando una perspectiva más completa, analizando como una unidad informativa a todo el rompecabezas ya ensamblado, la sumatoria de cada una de las piezas (el genoma) y por comparación con otras unidades distintas (genomas diferentes) tratar de sustraer información que solo puede ser adquirida haciendo este tipo particular de comparaciones. Crees que podemos aprender algo nuevo si comparamos nuestro genoma con el genoma de una mosca, o con el de una planta?. Tal vez, pensándolo un poco a la ligera, tu primera respuesta podría ser no, pues en realidad no nos parecemos mucho a una mosca o a una planta, pero las células de nuestro cuerpo, nuestras unidades básicas como organismos, no son muy diferentes a las células de una mosca o una planta; es más, aunque suene un poco raro, biológicamente somos parientes lejanos de las moscas, y de las plantas y en la memoria genética de nuestras células persisten características básicas del ancestro común que alguna vez compartimos miles de millones de años atrás.

En el presente escrito, hablaré un poco acerca de la genómica comparativa y trataré de ilustrar con algunos ejemplos, lo que hemos podido aprender comparando genomas de distintas especies, información que ha sido invaluable para entender procesos tan básicos como la percepción sensorial, o el origen de enfermedades como el cáncer.


Comparamos para encontrar diferencias y así, entender procesos

Una de las herramientas más útiles y de mayor uso dentro del método científico es la comparación. Los científicos comparamos todo el tiempo, por ejemplo comparamos un grupo de plantas que no toleran condiciones de sequía, con plantas típicas de desierto como los cactus para saber que mecanismos y que estrategias particulares usan las plantas de desierto en condiciones tan drásticas. Comparamos grupos de pacientes que sufren una misma enfermedad con personas sanas para tratar de entender como surge dicha dolencia, o comparamos una célula normal con una célula cancerígena para tratar de entender de qué manera dicha célula, pudo dejar de cumplir su tarea específica para transformarse en una célula sin control. Pero las tecnologías modernas como las técnicas de secuenciación de última generación, han revolucionado nuestra manera de hacer comparaciones. Anteriormente cuando encontrábamos un gen, el cual creíamos que era responsable de una enfermedad, comparábamos su secuencia de nucleótidos entre pacientes sanos y pacientes portadores de la enfermedad para encontrar diferencias entre dichas secuencias y si las existían, tratar de asociarlas con la enfermedad. Ahora las nuevas técnicas de secuenciación de segunda generación y las que se aproximan de tercera y cuarta generación permiten la secuenciación de un genoma tan extenso como el genoma humano tan solo en un par de días. Para finales del presente año, el proyecto 1000 genomas espera tener la secuencia del genoma completo de 1000 personas, pero dicho proyecto no espera detenerse allí, para el 2011, espera aumentar esta cifra a 50000 personas y a medida que la tecnología continua avanzando, y los costos se reducen, se espera que para el 2020 un total de 25 millones de genomas personales se hallan secuenciado! [1]. Esto significa que ya no tendremos que limitarnos a comparar un gen o un par de genes que creemos están asociados con una determinada enfermedad entre un grupo reducido de pacientes, ahora podremos comparar el genoma entero de poblaciones completas de individuos y podremos saber si verdaderamente son solo las modificaciones en estos genes particulares las causantes directas de la enfermedad, o por el contrario, si existen a lo largo del genoma cientos o miles de genes que también son importantes para el desarrollo de la dolencia y que antes habíamos pasado por alto.


Pero también podemos comparar nuestro genoma con los genomas de otras especies

Los científicos que nos dedicamos a las ciencias naturales, entre otras cosas, tratamos de comprender los distintos fenómenos, mecanismos y estrategias que han originado la vida en nuestro planeta; también tratamos de entender como las distintas formas de vida que existen a nuestro alrededor se sostienen, se establecen y se perpetúan como formas de vida en si, y también nos esforzamos por averiguar los procesos que a pequeña y gran escala, han permitido que nuestro planeta sea una red dinámica de interacciones entre factores bióticos y abióticos. Sin embargo como podrán imaginar, entender la vida es algo muy complejo, por esto, para tratar de reducir todas las variables que podrían existir, a sistemas más manejables y de cierto modo, más fáciles de entender, usamos algo que llamamos organismos modelo. Es como si para entender como funciona nuestro reproductor de mp3, empezáramos por entender, cómo está constituido el radio de la abuela. Sin duda, es un aparato más sencillo, pero el entramado básico a base de circuitos, cables, tubos y baterías es común para ambos instrumentos. Trayendo este ejemplo a un nivel biológico, podríamos mencionar, que los científicos que tratan de entender como funciona el cerebro humano con sus miles de millones de sinapsis y con sus complicadas redes de neurotrasmisores, tratan de entender primero de qué manera funciona el cerebro de una mosquita, la mosca de la fruta Drosophila melanogaster, cuyo cerebro es miles de veces más sencillo y menos intrincado que nuestro cerebro, pero que está constituido con los mismos ladrillos biológicos, las neuronas, que constituyen el cerebro de ambos organismos.

De igual manera, los científicos que estudian las plantas, usan una hierba casi sin importancia que crece en cualquier jardín y que se corta como maleza, tal vez la hayas oído mencionar, Arabidopsis thaliana. Por la facilidad para trabajar con ella, los científicos la usan para tratar de explicar cuáles son los procesos característicos de las plantas que hacen posible que existan árboles tan grandes como las secuoyas o para tratar de entender de que manera podemos modificar genéticamente otras plantas para que podamos sembrar una mayor variedad de cultivos agronómicamente importantes y de una manera más eficiente en las condiciones actualmente cambiantes de nuestro planeta.

Actualmente y desde hace ya algunos años, el mundo ha vivido gracias al gran despliegue que se le ha dado en diversos medios de comunicación, el boom del genoma humano, pero es interesante saber que la secuencia del genoma de muchos de estos organismos modelo se conocía con anterioridad, en algunos casos hasta con décadas de antelación. Por ejemplo, el genoma del virus que causa el SIDA ya se conocía desde 1985, 16 años antes de que se publicara por primera vez el genoma humano (2). Esto se debe particularmente, a que en la mayoría de los casos, el genoma de los organismos modelo es mucho más sencillo y más pequeño que nuestro genoma lo que hace más fácil su secuenciación. Es así como un año antes de la publicación del genoma humano, en el año 2000, ya se conocía la secuencia del genoma de la mosca Drosophila (3) y de la planta modelo Arabidopsis (4); de la misma manera el genoma de la levadura necesaria para la fabricación de la cerveza Sacharomices cerevisiae ya se conocía desde 1999 (5). Otros genomas completos de organismos modelo han empezado ha aparecer con el tiempo, tal es el caso del genoma del ratón de laboratorio Mus musculus, el cual se publicaría un año después de la divulgación del genoma humano, en el 2002 (6) y el genoma del Chimpancé Pan troglodytes que aparecería en el 2005 (7). Este año salió publicado el genoma de la manzana Malus domestica (8) y para el año 2015, se espera tener la secuencia de otros mil genomas distintos [9]. Pero, ¿te has preguntado que podemos hacer con todas estas secuencias?


Genómica comparativa, comparando moscas con macacos, y plantas con seres humanos

Recuerdo que alguna vez cuando estaba aprendiendo a hacer alguna operación algebraica, mi profesor me dijo: “no señor, esos dos factores no se pueden agregar, es como si a las manzanas, les estuviera sumando papayas, recuerde, manzanas con manzanas y papayas con papayas” y aunque matemáticamente eso era, y aún es totalmente cierto, biológicamente de vez en cuando es ventajoso, tratar de comparar lo que en un principio no parece comparable. El uso de la información genética contenida en el genoma de cualquier organismo, sea éste modelo o no, tiene una importancia intrínseca de por sí. El conocer el genoma de la mosca de la fruta le es útil a todos aquellos científicos que trabajan con ella porque es su herramienta de trabajo y entre mejor se conozca, más eficiente es su estudio; pero hay cosas que solamente se logran saber cuando combinamos dos o varios sistemas, surgiendo éstas como propiedades emergentes. La comparación de genomas enteros de distintas especies, nos permite saber que regiones se han conservado casi invariables durante el transcurso de millones de años y de la misma manera, saber cuales han cambiado. Respectivamente, las regiones conservadas, contienen genes que son comunes a una o varias especies y que por lo tanto deben ser fundamentales para la sobrevivencia de los organismos que los contengan. Entender dichos genes nos acerca a los procesos fundamentales que sostienen la variedad de vida sobre la tierra. Las regiones distintas, representan genes característicos de una determinada especie y el estudiarlos a profundidad, puede darnos luces acerca de los elementos genéticos claves que le permiten a una determinada especie, adaptarse a su forma de vida particular. En últimas, la genómica comparativa trae a colación una nueva perspectiva evolutiva y molecular que nos ayuda a entender como el proceso evolutivo, es un proceso en el cual los genes y los genomas cumplen un papel dinámico.

Trataré de darte algunos ejemplos concisos, que sirvan para ilustrar de una mejor manera como la genómica comparativa, puede ayudarnos a entender de una mejor manera, la biología de los organismos.


Una maleza para explicar nuestro ciclo día-noche

Aunque la planta A. thaliana no es una planta agronómicamente importante, si constituye un sistema sencillo de trabajo para los científicos. Esta planta, es utilizada para entender los principales procesos que se suceden en el reino vegetal, esto de debe a que Arabidopsis, tiene un ciclo de vida corto, y se adapta fácilmente a las condiciones de laboratorio, lo que facilita hacer experimentos, entendiendo que sucede generación tras generación; además su genoma como el de nosotros los humanos, está totalmente secuenciado.

En 1993, un grupo de científicos, estudiando la respuesta a la luz de esta planta, encontraron cuatro genes fundamentales CRY1, CRY2, PER1 y PER2, los cuales posteriormente se popularizarían bajo el nombre de criptocromos (10). Estos genes son importantes reguladores de distintas respuestas fisiológicas de las plantas como la floración o el proceso de degradación del almidón durante las noches, y conectan éstas y otras respuestas con el fotoperiodo, es decir con las horas de luz y las horas de oscuridad que vive la planta. De esta manera por ejemplo, se ha visto como distintos criptocromos, son los que disparan las vías de señalización que le dicen a la planta: hay luz, es hora de fotosintetizar, o por el contrario, está oscuro, degrada el almidón almacenado para que puedas sobrevivir durante la noche (11). En 1998, otros científicos, aislaron éstos mismos genes pero en humanos y sorprendentemente, investigaciones posteriores demostrarían, que son los encargados de regular respuestas tales como la producción de ciertas hormonas, la regulación de la temperatura corporal, la síntesis de enzimas específicas y de neurotrasmisores cerebrales, que nos dicen: salió el sol, es hora de despertar, de comer y de trabajar, o por el contrario, está oscuro, es hora de dormir (12). Aunque parezca sorprendente, este grupo de moléculas homólogas se han mantenido constantes a través de la evolución, siendo claves para procesos similares, la regulación de las funciones vitales asociadas con la percepción de la luz. El principal mensaje, es que solo la comparación de ambos genomas, permitió la caracterización de este proceso particular, que resulta fundamental para la supervivencia de ambas especies.


Los organismos modelo nos hablan de la evolución de ciertas enfermedades como el cáncer

Desde la publicación del genoma humano y a medida que su secuencia se ha ido comparando con la secuencia del genoma de organismos modelos, cada vez se hace más y más evidente que un gran porcentaje de los genes cuyas alteraciones se ven reflejadas en la aparición o desarrollo de una determinada enfermedad, también se hayan representados en el genoma de dichos organismos. Es así como por ejemplo el gen que codifica el trasportador ABC que se encuentra mutado en la fibrosis cística, tiene su respectivo gen equivalente en los genomas de Drosophila y Arabidopsis. De la misma manera, el gen que se encuentra mutado en la distrofia muscular, se conserva hasta en los nemátodos cuyo organismo modelo es Caenorhabditis elegans (4). Cerca del 70% de los genes que se encuentran implicados en la aparición o progreso de algún tipo de cáncer, tienen homólogos en Arabidopsis, el 67% de los mismos se encuentran en el genoma de la mosca de la fruta y hasta en uno de los eucariotas más sencillos que existen, la levadura Saccharomyces cerevisiae, es posible encontrar un alto porcentaje de genes (cerca del 41%) que en humanos se han asociado a procesos cancerosos (13).

Pero no son las mutaciones en genes específicos, las únicas responsables de enfermedades particulares, es más, muy excepcionalmente se logra relacionar una mutación en un gen con el desarrollo de una enfermedad. En general, enfermedades como el cáncer, surgen como efecto del mal funcionamiento conjunto de decenas o cientos de genes que pueden estar implicados en una misma ruta metabólica. Para que se entienda mejor, es como si cada lucecita de la extensión de luces que solemos colocarle al árbol de navidad fuera un gen y la extensión en su totalidad, con cientos de luces interconectadas fuera la vía metabólica que permite que el árbol se ilumine en las noches. Para que al conectarla, notemos que algo no funciona apropiadamente, se necesita no solo que una lucecita no funcione, sino que sean varias, tal vez veinte o treinta, las que presentan el defecto, entonces podríamos decir que todas esas luces dañadas, están alterando nuestra ruta metabólica navideña, impidiendo que el árbol se ilumine. Llevado a un contexto biológico, podemos decir que una de las principales rutas que se alteran en cáncer es la ruta de la proliferación celular, dicha ruta está constituida por cientos de genes que como en nuestro ejemplo del árbol de navidad, son los factores que se interconectan para producir un fenotipo particular, en nuestro caso, que una célula se divida. El cáncer surge como resultado de la falta de control sobre el proceso de división celular y para que esto suceda, muchas de los genes claves, relacionados con el proceso de proliferación, tienen que alterarse de una u otra manera (14).

En todos los eucariotes que se conocen hasta hoy, incluidos las moscas, las plantas y los vertebrados, existe un conjunto de moléculas que son las encargadas de controlar el proceso de división celular, este grupo de moléculas se denominan ciclinas y kinasas dependientes de ciclinas y son las lucecitas que se interconectan para formar la vía metabólica de la proliferación celular. Se ha visto, que en la mayoría de los canceres, varios de estos genes claves tienen que estar alterados para que la célula pierda el control sobre su proceso de división (15). Surge de esta manera algo muy interesante, si bien es cierto que estas ciclinas y kinasas dependientes de ciclinas se encuentran totalmente distribuidas por los reinos naturales encontrándose desde las plantas hasta los mamíferos, y si sabemos que éstas pueden ser mutadas o alteradas tanto en plantas como en mamíferos, ¿porque éstas alteraciones repercuten directamente en la generación de cáncer en los mamíferos y no en las plantas?, en otras palabras, ¿por qué a las plantas no les da cáncer?


Conclusión

Para concluir, trataré de darle una respuesta parcial al interrogante anterior, pues no es una pregunta para nada fácil de contestar. Retomemos nuestro ejemplo de las luces del árbol de navidad. Como lo mencionaba anteriormente, cada una de las luces de nuestra serie de navidad, es o una ciclina o una kinasa dependiente de ciclina o uno de los muchos genes que son reguladas por estas; estos genes son altamente conservados entre las distintas especies, pero lo que varía es la manera en que están interconectados. Es posible que una luz roja en nuestra serie, esté seguida de una luz verde y precedida de una luz azul, pero en la serie de navidad de nuestro vecino, esa misma luz roja, esta seguida en cambio por una luz amarilla y precedida de una naranja. Biológicamente, esto quiere decir, que por ejemplo en humanos existe una determinada ciclina que regula la expresión de los genes A y B, mientras que en plantas, esta misma ciclina, regula los genes C y D y en vez de controlar la expresión del gen B, como sucede en humanos, es el gen B quien controla su expresión. Esto quiere decir que no son solamente los elementos de una red, los que regulan su comportamiento, adicionalmente resulta fundamental para una determinada respuesta de dicha red, la manera en que sus componentes están entrelazados, algo que los científicos llamamos el “wiring” o cableado de dicha red (16).

Es muy posible que a pesar de que los genes fundamentales que regulan el proceso de división celular sean básicamente los mismos en todos los organismos, sean sus interacciones, sus regulaciones específicas y los momentos en que son expresados los que cambian, produciendo una respuesta fenotípica totalmente diferente en organismos distintos. Esto significa que las plantas han logrado modificar su red de interacciones que controla el proceso de división celular, de tal manera que la perdida en el control de la proliferación, no represente un mayor problema, sin embargo el cableado de la misma red en los mamíferos es distinto y esto hace que el costo de perder el control sobre el proceso de división celular, sea el cáncer.

Cuando en el 2005, salió publicado el genoma del chimpancé, quedó claro que compartimos cerca del 98% de los genes que codifican para proteínas con nuestros primos más peludos, sin embargo, un mono es un mono y un ser humano es un ser humano. Pese a ese 98% de similitud en las unidades fundamentales de nuestro genoma, somos lo bastante diferentes sobre todo a un nivel cognitivo. La respuesta a esa diferencia, yace en la forma como esos genes comunes entre los simios y los humanos están interconectados, cómo, cuándo y bajo qué circunstancias se expresan, cómo son regulados, a qué estímulos responden, como interaccionan entre si y de qué manera se estimulan o se reprimen unos con otros. El mismo Craig Venter, expresó que luego de 10 años de la divulgación del genoma humano, su impacto en la medicina, no ha sido el esperado, esto se debe a que con la secuenciación de cualquier genoma, solo conocemos la estructura de las unidades fundamentales, los genes, el cómo son regulados, cuando y cómo se expresan y con qué otras moléculas interaccionan para formar redes moleculares, es aún desconocido y queda mucha tela para cortar para tratar de dar una explicación sistémica multidimensional y dinámica al genoma y a la vida misma. Es como si conociéramos las piezas del lego, pero sin tener muy claro, el cómo ensamblarlas para construir un destructor estelar de guerra de las galaxias. Pero actualmente, ese es el reto, eso es lo interesante y lo profundamente apasionante de la biología, tratar de entender y dar explicación a fenómenos altamente complejos pero espectaculares como la vida misma, ¿te animas a ayudarnos?


Referencias

[1] http://blog.genomequest.com/2010/07/implications-of-exponential-growth-of-global-whole-genome-sequencing-capacity/

[2] Ratner, L., W. Haseltine, et al. 1985. Complete Nucleotide-Sequence of the Aids Virus, Htlv-Iii. Nature. 313: 277-284.

[3] Adams, M, et al. 2000. The Genome Sequence of Drosophila melanogaster. Science. 287: 2185-95.

[4] The Arabidopsis genome initiative. 2000. Analysis of the genome sequence of the flowering plant Arabidopsis thaliana. Nature. 408: 796-815.

[5] Winzeler, E, et al. 1999. Functional Characterization of the S. cerevisiae Genome by Gene Deletion and Parallel Analysis. Science. 285: 901-906.

[6] Waterson, R, et al. 2002. Initial sequencing and comparative analysis of the mouse genome. Nature. 420: 520-562.

[7] The Chimpanzee Sequencing and Analysis Consortium. 2005. Initial sequence of the chimpanzee genome and comparison with the human genome. Nature. 437: 69-87.

[8] Velasco, R, et al. 2010. The genome of the domesticated apple (Malus × domestica Borkh.). Nature Genetics. 42: 811-914.

[9] http://www.genomesonline.org/index.htm

[10] Ahmad, M & Cashmore, A. 1993. HY4 gene of A. thaliana encodes a protein with characteristics of a blue-light photoreceptor. Nature. 366: 162-166.

[11] Li, Q & Yang, Q. 2007. Cryptochrome Signaling in Plants. Photochem. Photobiol. 83: 94-101.

[12] Thresher, R, et al. 1998. Role of Mouse Cryptochrome Blue-Light Photoreceptor in Circadian Photoresponses. Science. 282: 1490-1494.

[13] Jones, A, et al. 2008. The impact of Arabidopsis on Human health: Diversifying our portfolio. Cell. 133: 939-943.

[14] Stevaux, O & Dyson, N. 2002. A revised picture of the E2F transcriptional network and RB function. Current opinion in cell biology. 14: 684-691.

[15]Jonathon Pines. 1995. Cyclins, CDKs and cancer. Seminars in cancer biology. 6: 63-72.

[16] Barabási, A & Oltvai, Z. 2004. Network biology: understanding the cell's functional organization. Nature Reviews Genetics. 5: 101-113.