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Por: Leonardo Galindo

Imaginen un mundo donde miles de turbinas eólicas se alinearan en campos interminables, donde cada casa tuviera celdas fotovoltaicas (dispositivo para transformar la energía lumínica en eléctrica) en sus techos, y por qué no, cada andén y calle estuvieran compuestas de paneles solares. Imaginen que hubiéramos invertido el último siglo en instalar turbinas gigantes alineadas con las corrientes marinas predominantes para utilizar la energía de dichas corrientes como se utiliza la energía del  viento para generar energía eléctrica. Imaginen un mundo done el cambio climático estuviera determinado por ciclos naturales terrestres y no por la influencia del hombre.

Las fuentes de energía renovable son una alternativa posible para disminuir nuestra influencia sobre un cambio climático acelerado, y pueden dividirse de la siguiente manera 1: (i) energía solar proveniente de la radiación del sol, (ii) energía geotérmica proveniente del interior del planeta, (iii) energía hídrica proveniente de los ciclos hidrológicos ocasionados por la radiación solar, (iv) energía eólica producida por el viento, el cual a su vez también es producido por diferencias en la radiación solar, (v) energía oceánica producida por el viento, las fuerzas gravitacionales, diferencias en salinidad y las diferencias en temperatura, (vi) energía proveniente de biomasa principalmente de cultivos de plantas o algas dedicados a la producción de biocombustibles.

Las tecnologías para utilizar cada una de estas energías renovables existen actualmente y muchas de ellas de hecho fueron desarrolladas hace mucho tiempo, sin embargo, el dominio y la explotación de los combustibles fósiles ha imperado mediante el uso del carbón y petróleo principalmente.

La resistencia al cambio
Los compuestos fotovoltaicos fueron descubiertos en los años 1830’s, y aunque el carbón había sido utilizados desde el neolítico (10000 AC),  las perforaciones petroleras comerciales solo empezaron hasta los años 1850’s (http://connection.ebscohost.com/science/alternative-energy-exploration/history-alternative-and-renewable-energy).  Se viene a la mente la pregunta de por qué no seguimos el camino de investigación en el desarrollo de energía renovable desde ese entonces en vez de utilizar únicamente combustibles de origen fósil como el carbón y el petroleo . Aunque existen muchas razones, el uso de combustibles fósiles tenía una historia mucho más larga y la producción fue rápidamente estandarizada alrededor del mundo de una manera más económica que cualquier otra fuente de energía. Cuando las consecuencias sobre el ambiente y la salud empezaron a sentirse  a mitad del siglo XX,  las preocupaciones empezaron a aparecer. Sin embargo, las empresas de combustible fósil se convirtieron en poderosas jugadoras de las economías nacionales lo cual impedía la inversión en investigación de fuentes de energía alternativa. Un ejemplo de esta situación fue el surgimiento y desaparición de los autos eléctricos en Estados Unidos (ver el documental: “Who killed the electric car?” http://vimeo.com/19863733).  El documental muestra como el auto eléctrico fue inicialmente creado por la compañía General Motors (GM) en Estados Unidos, y comercializado en California debido a una ley que obligaba a las casas automotrices a producir un porcentaje de autos con cero emisiones de carbono cada año. El auto eléctrico alcanzaba velocidades equiparables a las de los autos de combustión interna, y podía alcanzar distancias de entre 60 y 80 millas por carga, lo cual era más que suficiente para el promedio de viaje diario en Estados Unidos. El auto estuvo en el mercado entre 1996 y 2004, cuando el último auto fue retirado de las calles. La desaparición de estos autos se atribuye a múltiples causas entre los que están problemas de costos de producción, demanda limitada, limitaciones tecnológicas e intereses gubernamentales y de las empresas automotrices. Sin embargo, la industria petrolera tuvo una influencia significativa en la continuidad de la tecnología.

Cubriendo las necesidades actuales
Se dice que la generación de la cantidad de energía necesaria para suplir las demandas actuales a nivel mundial es una de las posibles limitantes de las tecnologías que utilizan fuentes renovables. No solo la construcción de la tecnología sino la dependencia en las variables ambientales constituyen argumentos en contra del uso de éstas como un reemplazo total de los combustibles fósiles. Sin embargo, un estudio del 2009 en Scientific American 2 demostró que fuentes de energía renovables totalmente limpias provenientes de agua, viento y sol (con casi cero emisiones de compuestos contaminantes), podrían suplir y exceder las demandas del planeta para el 2030. El estudio proponía que para el 2030 la demanda mundial de energía podría llegar a 16.9 terawatts. Solo usando fuentes de viento y energía solar podríamos fácilmente obtener 85 y 580 terawatts respectivamente. Más aún la demanda real sería de 11.5 terawatts porque la energía eléctrica es usada de modo más eficiente que la producida por combustibles fósiles. La mayoría de las instalaciones en forma de turbinas de viento y celdas fotovoltaicas cubrirían posiblemente poco más de 1.3% de la superficie terrestre, pero mucha de la tierra por ejemplo entre las turbinas aún podría ser utilizada para prácticas como la agricultura. La dificultad en la dependencia de la variabilidad climática sería fácilmente suplida usando una fuente de energía cuando la otra no estuviera disponible. Los costos totales de producción y utilización para las tecnologías de energía renovable están ya llegando a equiparar los costos convencionales de generación de energía, pero los ahorros que se darán por la baja contaminación ambiental y la eliminación de los problemas de salud son una ventaja adicional superlativa. Así mismo, las limitaciones tecnológicas y la demanda teórica serán fácilmente excedidas por la tasa de crecimiento de estas tecnologías 1.

Energía renovable, el futuro biológico
Aunque los biocombustibles (ejemplo: bioetanol) derivados por ejemplo de procesos de fermentación de azúcares provenientes de grandes plantaciones de cultivos como el sorgo o la caña de azúcar 3, han tenido resonancia en la última década, su huella de carbón y sus efectos en la biodiversidad (aparición de extensos monocultivos), el consumo de recursos como agua (104-105 litros de agua por litro de biocombustible), es tan alto, que dicha tecnología está aún lejos de equiparar los estándares de sostenibilidad de otros recursos renovables 1,4. Sin embargo, nuevas alternativas para generar biocombustibles con una producción menor de gases invernadero y que no pongan en riesgo la seguridad alimentaria, están siendo exploradas a partir de la explotación de la celulosa (un azúcar estructural de las plantas), que puede ser obtenida de las partes no comestibles de un cultivo, y tambien de plantas no comestibles 5–7.

Aunque el proceso de generación de biocombustibles ha tenido gran resonancia, un proceso que permite almacenar energía química naturalmente usando dióxido de carbono, luz solar y agua, ha atraído atención de nuevo por su potencial para convertirse en una fuente renovable de energía con gran alcance. A pesar de que replicar la fotosíntesis es posible, no es un proceso sencillo debido a que las plantas tomaron miles de millones de años en perfeccionar el proceso para hacerlo eficiente. Las moléculas que son utilizadas en el proceso de fotosíntesis y su ubicación especial son sumamente intrincadas para ser replicadas en un laboratorio.  En la primera etapa de la fotosíntesis hay una producción de protones en forma de Hidrógeno mediante la ruptura de H2O.  Solo este paso inicial tiene potencial de generar cantidad de Hidrógeno significativas que pueden ser utilizadas como combustible limpio en un proceso reverso donde se forma agua al combinarlo con oxígeno. La replicación de este proceso se basa principalmente en el uso de materiales que permitan el uso de la radiación solar y la catálisis del agua, y la recuperación de los iones de Hidrógeno para su almacenamiento como combustible. Aunque el proyecto de crear fotosíntesis artificial se remonta a principios del siglo XX, los materiales disponibles para el proceso muchas veces no cumplen con todos los requerimientos para completar el proceso; muchos de los catalizadores disponibles son elementos raros, sufren degradación, corrosión, son supremamente caros, o afectan el sistema 8. Sin embargo, un cambio dramático fue expuesto en  la 241 Conferencia Nacional de la Sociedad Americana de Química en el 2011. En dicha conferencia el Dr. Daniel Nocera del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por su sigla en inglés)  mostró haber construido con su equipo lo que denominó como la primera hoja artificial. En su diseño, una hoja de silicio (celda solar) es unida a catalizadores de cobalto y una aleación de niquel-molibdeno-zinc que permiten una conversión de energía  solar a combustible directamente 9 (la hoja de sílice captura la radiación solar, que luego se utiliza para romper el agua y ligar su oxígeno e hidrógeno a los otros materiales que ayudan en la catálisis). Aparentemente la hoja fotocatalítica puede actuar continuamente por casi dos días seguidos a su pico de actividad, y es alrededor de 10 veces más eficiente que la fotosíntesis natural: (http://www.acs.org/content/acs/en/pressroom/newsreleases/2011/march/debut-of-the-first-practical-artificial-leaf.html). Aunque actualmente no se puede hacer un proceso de escalamiento y producción masiva, pues aún el costo de los materiales (sobre todo de las celdas fotovoltáicas) es altamente restrictivo, este es un primer paso revolucionario hacia lo que será seguramente el más fuerte candidato de las energías renovables de origen biológico.

Conclusión
De una u otra manera las reservas de combustibles fósiles posiblemente tendrán un pico alrededor del 2030 10 y eventualmente las políticas de inversión y uso de energía tendrán que cambiar hacia tecnologías más durables (Figura 1). Con niveles atmosféricos de CO2 de más de 390 partes por millón, los combustibles fósiles actualmente son responsables de más del 70% de este compuesto en la atmósfera10. Aunque la velocidad de recambio por energías renovables debería ser más rápida, parece que al menos hay esfuerzos para ir en la dirección correcta; entre el 2000 y el 2010 la energía solar aumento en 42%, la eólica en 27% y los biocomubustibles en 18% 1. Finalmente, a la par de la inversión tecnológica en fuentes geofísicas de energía, el campo biológico ha empezado a sumar esfuerzos para emular procesos altamente eficientes que pueden dar como resultado una revolución en la forma de producir energía. 

Figura 1:   Turbinas eólicas contrastan con un pozo petrolero. Pecos, Texas, Julio 2014 - Cortesia: Juan Diego Palacio.

Referencias
1.Edenhofer, O., Seyboth, K., Creutzig, F. & Schlömer, S. On the Sustainability of Renewable Energy Sources. Annu. Rev. Environ. Resour. 38, 169–200 (2013).
2.Jacobson, B. M. Z. & Delucchi, M. A. SUSTAINABLE ENERGY BY 2030. Sci. Am. 301, 58–65 (2009).
3.Ndimba, B. K. et al. Biofuels as a sustainable energy source: an update of the applications of proteomics in bioenergy crops and algae. J. Proteomics 93, 234–44 (2013).
4.Youngs, H. & Somerville, C. Plant science. Best practices for biofuels. Science 344, 1095–1096 (2014).
5.Gelfand, I. et al. Sustainable bioenergy production from marginal lands in the US Midwest. Nature 493, 514–517 (2013).
6.Peplow, M. Cellulosic ethanol fights for life. Nature 507, 152–153 (2014).
7.Berlin, A. Microbiology. No barriers to cellulose breakdown. Science 342, 1454–1456 (2013).
8.Marshall, J. Springtime for the artificial leaf. Nature 510, 22–24 (2014).
9.Reece, S. Y. et al. Wireless solar water splitting using silicon-based semiconductors and earth-abundant catalysts. Science 334, 645–648 (2011).
10.Moriarty, P. & Honnery, D. What is the global potential for renewable energy? Renew. Sustain. Energy Rev. 16, 244–252 (2012). 


Por Adriana Almeida-Rodríguez




La producción de biocombustibles, para reemplazar el uso de derivados del petróleo, se ha visto desde los años setenta como una alternativa más limpia con el medio ambiente. Actualmente los biocombustibles se han adoptado como una opción para aminorar los efectos de calentamiento global que como civilización estamos causando. Uno de los acuerdos internacionales más importantes, relacionado con el cambio climático (Tratado de Río), busca la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para el año 2020. En este acuerdo, se busca reducir en un 20% las emisiones de GEI del total emitido en 1990 [1], evitando así el aumento pronosticado de la temperatura atmosférica global en más de dos grados centígrados [2]. Si comparamos las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) producidas por los derivados del petróleo (gasolina y diesel) con el uso del bioetanol o etanol carburante, encontramos que el uso de biocombustibles puede llegar a reducir dichas emisiones hasta en un 30%. A continuación dare una breve introducción a los biocombustibles y sobre el impacto que las políticas gubernamentales de países que los producen masivamente están teniendo en la agricultura, la biodiversidad y la alimentación humana (seguridad alimentaria).


¿Qué son los biocombustibles?

Los biocombustibles son combustibles derivados de biomasa (materia viva animal o vegetal) que se pueden utilizar solos o como aditivos a los combustibles derivados del petróleo (gasolina y diesel) [3]. Los biocombustibles son generados por medio de la fermentación de material vegetal por bacterias y/o hongos (por ejemplo las levaduras). Durante este proceso natural, estos microorganismos generan dentro de sus productos metabólicos sustancias químicas que pueden ser utilizados como biocombustibles (alcoholes, alkanes, ésteres, ácidos grasos y ésteres grasos, entre otros) [4]. Actualmente, los biocombustibles más producidos y consumidos están agrupados en los bioalcoholes y los biodieseles.

Los bioalcoholes se generan por medio de la fermentación de los azúcares contenidos en materiales vegetales. Esto quiere decir, que podemos obtener bioalcoholes de cualquier tejido vegetal, pero el rendimiento en el proceso de obtención depende de la cantidad de azúcares y almidón contenidos en el tejido inicialmente [3]. Igualmente, estos alcoholes en altas concentraciones pueden ser tóxicos para los microorganismos que los producen, así que el rendimiento en la producción de bioalcoholes depende del grado de tolerancia y supervivencia de los mismos [4]. Por otro lado, los biodieseles se obtienen de aceites vegetales y/o animales (ácidos y ésteres grasos), o a partir de grasas recicladas. La ganancia neta en la producción de energía por medio de biodieseles es más eficiente que la obtenida en la producción de bioetanol (bioalcohol con tres atomos de carbono) [5].


Reducción en la emisión de GEI con el uso de biocombustibles

Se ha demostrado que el uso de biocombustibles puede reducir sustancialmente las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a la átmosfera comparado con sus análogos derivados del petróleo. El etanol carburante reduce emisiones en un 30% [6], el biodiesel en un 54%, y el etanol producido a partir de celulosa en un 71% [3]. Por esto, países como Estados Unidos de América (USA), China y Brasil han invertido miles de millones de dólares en investigación para la producción de estos combustibles, los cuales podrían contribuir a la reducción de las GEI [3]. En el caso de USA, se han invertido hasta el momento mas de tres trillones de dólares en la adaptación de motores y equipos para que funcionen con biocombustibles [4]. En este país la mayor producción de bioetanol se produce del grano de maíz (Zea mais) y soya (Glicine max); en Brasil, que es pionero en la producción de bioalcoholes, la mayoría del bioetanol se produce a partir de la caña de azúcar (Saccharum spp.) [7].


¿Y qué pasa con la seguridad alimentaria? ¿Más combustible y menos comida?

Tomando el caso en particular de USA, el gobierno de este país ha generado en los últimos años grandes subsidios a los agricultores para incentivarlos a cultivar maíz para la producción de biocombustibles [7]. Se espera que para el 2016, cerca del 43% de la tierra destinada a cultivo de maíz para consumo humado y animal en el 2004, sea utilizada exclusivamente para la producción de biocombustibles [8]. Estas medidas han generado que muchos agricultores hayan decidido abandonar la producción de otros cultivos importantes para el consumo humano (trigo, arroz, cebada, etc.), destinando sus tierras exclusivamente a la producción de un solo tipo de cultivo (monocultivo). Los monocultivos reducen los nutrientes del suelo y lo deterioran; al igual que al no haber diversidad en los cultivos se reducen los habitats de insectos beneficos para el control de plagas (controles biológicos) [9]. Por ejemplo, el monocultivo de maíz en la región de la cuenca del río Mississippi es fertilizado y fumigado en exceso (para incrementar producción y controlar las plagas), lo que ha generado problemas de hypoxia (bajas concentraciones de oxígeno en el agua) en la zona del Golfo de Méjico, poniendo en alto riesgo la diversidad biológica de la zona [7].

Igualmente, estas medidas gubernamentales han generado una reducción en la cantidad de maíz disponible para la alimentación, generando un aumento exacerbado en los precios al consumidor [3]. El precio por galon de maíz llegó a valer $2.16 dólares americanos en el 2007, el precio más alto pagado en los últimos diez años. De manera similar se incrementaron los precios del trigo y del arroz, debido a que los agricultores estan sembrando cada vez menos cultivos para el consumo humano. Si tenemos en cuenta que 2.7 billones de personas en el mundo vivían en el 2001 con menos de $2 dólares americanos por día, incrementos marginales en los precios de los alimentos básicos como el arroz pueden ser devastadores [10].

¿Y hay algún efecto sobre la biodiversidad?

Si observamos el caso de Brasil, la producción de caña de azúcar para biocombustibles ha incentivado a los agricultores a talar más selva Amazónica en búsqueda de aumentar la producción de bioetanol [3]. Si hacemos un balance entre el costo ecológico y de biodiversidad, y la liberación de carbono a la atmósfera (por la tala masiva de árboles) en la producción de bioetanol de caña de azúcar en este país, el balance final es dramáticamente negativo [8]. Los estudios indican que para el 2016, Brasil habrá perdido alrededor de 2.8 millones de hectáreas de selva adicionales para cubrir la demanda de bioetanol. Adicionalmente, otros países localizados en el sudeste asiático han perdido grandes extensiones de selva tropical debido a incentivos gubernamentales para el cultivo de palma de aceite para la producción de biodieseles. En esta region, especies como el orangután (Pongo pygmaeus) se encuentran amenazadas de extinción debido a la pérdida de sus hábitats naturales [3].

¿Y cuáles opciones se pueden tomar?

Ya existen algunas opciones en las que la producción de biocombustibles no compite con la producción de alimentos. Este es el caso de la producción de bioetanol a partir de plantas diferentes a los que se utilizan para el consumo humano o animal, como es el caso del desarrollo de diferentes variedades de yuca amarga con altos contenidos de almidon que pueden crecer en suelos con bajos nutrientes (Centro Internacional de Agricultura Tropical y CLAYUCA) [11]. Estas variedades de yuca ya se esta plantando en Colombia y tres a cinco hectáreas pueden llegar a producir hasta 20 mil litros de etanol por dia [12]. Igualmente se puede producir bioetanol de algas y residuos sólidos que se encuentran en las aguas negras o contaminadas [3]. También se encuentran los biocombustibles de segunda generación. Estos combustibles se producen por medio de nuevos procesos industriales más eficientes y son generados a partir de madera o pastos [8]. Actualmente se estan perfeccionando los procesos de fermentación de los biocombustibles mediante la ‘biología sintética’ (manipulando genéticamente los microorganismos que generan la fermentación) para maximizar la producción de biocombustibles [13] y poder implementar estas nuevas tecnologías a nivel mundial.

A manera de conclusión

La producción de biocombustibles es un asunto de gran importancia social, que debe analizarse desde diferentes puntos de vista como el económico, biológico y ambiental. Los biocombustibles son una alternativa que genera menos emisiones de GEI comparados con los combustibles derivados del petróleo, siempre y cuando su producción no ponga en riesgo la seguridad alimentaria mundial y la biodiversidad. El desarrollo de políticas gubernamentales debe hacerse cuidadosamente para evitar que la producción de biocombustibles compita con la producción de alimentos. Adicionalmente, debe haber una estricta regulación en cuanto a las áreas geográficas que se van a incluir para futuras siembras de cultivos para la producción de biocombustibles, evitando talar bosques o destruyendo ecosistemas frágiles y valiosos para la conservación de la biodiversidad y la captura de dióxido de carbono (CO2).

En este contexto la biología tiene mucho que aportar, identificando opciones en el tipo de cultivos agrícolas y tecnologías apropiadas para cada país en particular, en búsqueda de una producción de biocombustibles de manera sostenible, sin afectar el medio ambiente y el bienestar humano; asi como contribuyendo en la generación de políticas enfocadas al manejo de los recursos agrícolas y naturales y al cumplimiento de los acuerdos mundiales en reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Referencias


[1]http://www.newscientist.com/article/dn18297-loopholes-in-climate-deal-could-render-it-useless.html?DCMP=OTC-rss&nsref=climate-change
[2]Williams Tim (2009) The climate change convention and Kyoto Protocol. Parliamentary Information and Research Service. LC call number: TD885.5.G73 -- W553 2009eb.
[3]Koh LP and Ghazoul J. 2008. Biofuels, biodiversity, and people: understanding the conflicts and finding opportunities. Biological conservation. 141: 2450- 2460.
[4]Keasling J. 2010. Synthetic biology for advanced biofuels. Oral presentation in the symposium: Synthetic biology for bioindustrial applications. University of Alberta. Edmonton, AB. Canada. May 21, 2010.
[5]Hill J, Nelson E, Tilman D, Polasky S, and Tiffany D. 2006. Environmental, economic, and energetic costs and benefits of biodiesel and ethanol biofuels. PNAS. 103 (30): 11206- 11210.
[6]Scharlemann JPW and Laurance W. 2008. How green are biofuels? Science. 319: 43-44.
[7]Groom MJ, Gray EM, Townsend PA. 2007. Biofuels and biodiversity: principles for creating better policies for biofuel production. Conservation Biology (**)*:1-8. DOI: 10.1111/j.1523-1739.2007.00879.x
[8]Searchinger T, Heimlich R, Houghton RA, Dong F, Elobeid A, Fabiosa J, Tokgoz S, Hayes D and Yu TH. 2008. Use of U.S. croplands fro biofuels increases greenhouse gases through emissions from land-use change. Science. 319: 1238-1240.
[9]Landis DA, Gardiner MM, van der Werf W and Swinton SM. 2008. Increasing corn for biofuel production reduces biocontrol services in agricultural landscapes. PNAS. 105 (51): 20552-20557.
[10]Ford Runge C and Senauer B. 2007. How biofuels could starve the poor. HeinOnline. Foreign Aff. (86): 41-53.
[11] http://webapp.ciat.cgiar.org/inicio.htm
[12] http://www.elespectador.com/impreso/negocios/articuloimpreso141259-yuca-amarga-el-dulce-sabor-de-paz
[13]Ellison M. 2010. Synthetic Biology: a potent brew of biology and engineering. Oral presentation in the symposium: Synthetic biology for bioindustrial applications. University of Alberta. Edmonton, AB. Canada. May 21, 2010.